jueves, 3 de agosto de 2017

SIN FECHAS NI TITULOS (líneas encontradas en libretas perdidas)

Ando en busca y captura de quién fui yo hace un año. Me extravié en algún camino y no consigo encontrar el sendero que me traiga de vuelta a casa. Necesito recuperar mi vida, empezar de nuevo libre de cargas, sin tí en mi maleta y sin esperar encontrar ese "nosotros" que perdimos. No quiero olvidar que existes, tan sólo dejarte a un lado para seguir viviendo. Antes te quería cerca, ahora prefiero no verte. Aunque me muero de ganas por saber de tí, oír tu voz, hacerte sonreír y sentir que... ¿Qué? Nada. Porque yo sin tí era y yo sin tí seré. No sé qué pero lo averiguaré tarde o temprano.

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Y es que a veces tu recuerdo me golpea sin previo aviso, trayendo oscuridades que creía olvidadas. Y todo vuelve, lo bueno y lo malo, las ganas de verte, al ansia de tocarte, la necesidad de besarte y el tormento del vacío que me dejaste. Yo, que a ratos creo haberte superado, me encuentro de nuevo en el punto de partida, echándote de menos y deseando odiarte. Sería mucho más fácil, ¿sabes? Pero no puedo. Te quise demasiado y, en días como éste, te quiero todavía. 





(A veces me entran ganas de escribir y lo hago en cualquier parte. No pongo fechas, lugares ni nombres. Vacío la mente sobre un trozo de papel y lo olvido. Después me lo encuentro y me pregunto en qué estaría pensando en aquel momento y dónde me senté a escribirlo; sobre a quién me refiero casi nunca tengo dudas, suelo dejarlo claro. Cada párrafo que me sale al paso después de quién sabe cuánto tiempo es una sorpresa, a veces alegre, a veces triste, que siempre me arranca una sonrisa. Ahí, entre esas palabras, se esconde mi "yo" de entonces y merece la pena que lo conserve)

Mjo


jueves, 27 de julio de 2017

CAMBIO DE CICLO


Andaba trasteando por el blog de Marwan y me encontré con un poema de Benjamín Prado. Bonito, no. Hermoso, tampoco. Creo que hay cosas que se escriben para que otro las sienta, aunque las palabras no sean suyas, y este poema es un ejemplo claro. Selecciono tres fragmentos:

"Aprende a no querer a los que no te quieran
y elige bien a qué le tendrás miedo:
no habrá sombra que oculte lo que tú temas ver"

"No escondas lo que sientes por miedo a ser frágil,
como aquellos
que por guardar tan bien lo que más les importa,
lo pierden para siempre"

"Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día. 
No olvides que esta obra ha terminado.
No olvides que le hablas a un teatro vacío"

Lo leí tres, cuatro, cinco veces y me mordí los labios. Mal día elegí para esta poesía, hoy que ando haciéndome las mismas preguntas de ayer sin recibir respuesta alguna. 

Leí después los comentarios y encontré uno del autor. El principio (Marwancito) me puso una sonrisa en la boca y el resto, me la borró: "Ya sabes, una de esas cosas que uno escribe para poder huir de ellas. Es una sensación rara: ¿yo he escrito eso? Y, sobre todo, ¿"yo" he sentido "eso"?"

Me dio por pensar cuánto de huida hay en cada línea que escribo, cuánto de asombro al releerlas, quizá meses o años después, al recuperar el ritmo de las palabras y el sentimiento que las juntó. ¿Yo sentí eso? Lo que fuera: tristeza, dolor, soledad, alegría, amor, felicidad... Entiendo la pregunta y la hago mía. A veces creo que escribo para esquivar el olvido y otras, para entender por qué vivo. Ni olvido ni entiendo qué hago, por qué sigo repitiendo los mismos errores, una y otra vez. No me conozco ahora mejor que hace un año y sospecho que tampoco sabré quién soy de aquí a varios meses. Cambiamos con el tiempo, nada es permanente. Nada, excepto las heridas que parecemos empeñados en abrir cada cierto tiempo y las cicatrices que algunos dejan en nuestra piel.

Es curioso. Hacía mucho que no escribía aquí. Me ponía delante del ordenador y se me quedaba la cabeza en blanco. A veces pienso que las musas sólo me visitan cuando mi vida tropieza, cuando el suelo tiembla bajo mis pies, porque empiezo a pensar que las casualidades no existen. Todo pasa por un motivo, aunque no seamos capaces de verlo hasta que pase cierto tiempo o nos alejamos de la, digamos, escena del crimen. Ame se difumina en la distancia, cada vez se hace más pequeño y pierde importancia. Ésto también pasará. Nadie dijo que fuera fácil ni rápido. Nadie dijo que acertaría a la primera o a la quinta o, tal vez, nunca. Y nadie dijo tampoco que, después de levantarme, volvería a tener ganas de seguir intentándolo. Quién sabe, cualquier día podría ser MI día. 

Prometo contarlo. 

Mjo



domingo, 28 de mayo de 2017

LA RIDICULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE

No.

Sigo sin creerlo.

Es que no puede ser. ¿De verdad te has ido? Venga ya... ¿en serio?

Y así una y otra vez.

Sé que sí, es verdad, que te has ido y nos has dejado pero sigue siendo tan difícil de creer... Tengo montones de imágenes que no dejan de asaltarme cada vez que bajo la guardia y me distraigo. Consuelan y duelen a partes iguales, a veces más, a veces menos, pero no puedo dejar de recurrir a ellas. Puede que sea parte del sistema que mi cabeza, y mi corazón, se ha inventado para ir acomodándose a la idea de haberte perdido, mi manera de despedirme de tí. Porque necesito hacerlo, ¿sabes? Necesito decirte adiós y no sé cómo hacerlo.

Dicen que una persona muere dos veces; una cuando fallece y otra cuando se le olvida, y que una persona vive mientras se la recuerde, por eso sé que nunca saldrás de mi vida para siempre. Para empezar, estás en mi piel y no es una manera de hablar; me tatué tu numero en el tobillo hace años y, aunque nunca me he arrepentido de hacerlo, ahora estoy orgullosa de llevarlo. Además tengo tantas fotos tuyas en mi casa que no puedo entrar o salir de una habitación sin encontrarme contigo. Pero lo principal es el caudal inmenso de recuerdos que nos regalaste a través de un montón de años de hacer cola en la puerta de tu box o al pie del camión del equipo. Y esos son sólo míos, bueno, nuestros. No pretendo darme importancia ni mucho menos pero estoy segura de que, en algún momento, nuestra presencia te confortó después de un mal día. La fidelidad, el cariño, el respeto... ¿lo notabas? Seguro que sí.

¿Lo ves? Intento hilar mis pensamientos pero se me escapan. Puede que sea todo demasiado reciente y necesite algún tiempo para que todo se asiente. No sé, es posible. En cualquier caso, tengo la sensación que no será la primera vez que haga algo así, ponerme delante del ordenador y "hablarte" como no fui capaz de hacerlo cuando te tenía delante. Dios, qué boba, pero es que me dejabas KO, sobre todo al principio. No soy una persona extrovertida, ni por casualidad, pero lo que me pasaba contigo es digno de estudio. Con el tiempo, aprendí a superar la timidez o el miedo y encadenar dos o tres frases seguidas. Eh, todo un logro, no creas que fue fácil. Y gracias a eso, pude hablar contigo por última vez hace poco tiempo y, a mi manera, decirte lo que significabas para mí, demostrarte mi apoyo a través del teléfono. Si hubiera sabido que era la última vez... aunque no, mejor no haberlo sabido porque entonces quizá no habría podido decirte nada. Me quedo con ese último recuerdo, ese inmenso regalo que me hicieron, y el sonido de tu voz y tu risa al otro lado del teléfono.

Sí es ridícula la idea de no volver a verte. Yo sólo necesito cerrar los ojos para verte en mi memoria, para sentirte en mi corazón, aunque no compense el vacío que dejas.

mjo






("La ridícula idea de no volver a verte" es el título de un libro de Rosa Montero. No lo he leído pero siempre me llamó la atención el nombre y ahora lo tomo prestado, sin ánimo de ofender ni utilizarlo de forma fraudulenta, porque es la frase perfecta para lo que siento.)

martes, 23 de mayo de 2017

LO QUE NUNCA QUERRIA ESCRIBIR


Su sonrisa. Eso es lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en él. Esa sonrisa de dentadura perfecta que iluminaba el día cuando, sin avisar, explotaba al vernos esperar con paciencia a la salida del box. Y después, su amabilidad. Hasta en los peores momentos, cuando la moto no tiraba o no acababa una carrera, tenía la santa paciencia de acercarse a nosotros. Es a ese hombre, el que quedaba cuando se acaba el espectáculo y se bajaba de la moto, al que lloro desde que me confirmaron la noticia. Nicky Hayden, el chico de Kentucky, se ha ido para siempre, llevándose un pedazo enorme de mi corazón y dejando un hueco que nadie más podrá llenar jamás. 

Desde ayer por la tarde, al filo de las seis, no dejan de acudir imágenes a la cabeza. La primera vez que lo tuve delante fue en Cheste y me quedé, literalmente, sin palabras. Ni siquiera le hablé, simplemente le alargué el libro que me habían regalado (la historia de su familia y las motos) para que me lo firmara y, muy bajito, dije un "thank you" que no creo que oyera nadie. Trix y Rafa, que fueron testigos de mi ridículo espantoso, hasta se preocuparon porque no fui capaz de volver a hablar hasta que pasaron dos horas y cuando lo hice fue para declarar mi amor eterno e incondicinal. Poco a poco fui perdiendo la vergüenza que me entraba cuando se me plantaba delante y recuperé la capacidad de hablar y entender lo que decía, con su inglés americano de Kentucky que a veces costaba pillar, y empecé a almacenar recuerdos.

Su saludo después de cada sesión de entrenamiento al pasar por donde colgábamos sus banderas o la vez memorable que, en mitad de un cronometrado, levantó la mano y nos saludó. Si ampliamos la foto, debajo del casco se aprecia su sonrisa al ver nuestra reacción, que de poco nos despeñamos desde la grada. Su "Hi, girls!" al salir del box y encontrarnos con la guardia baja apoyadas en el camión del equipo. El selfie que nos hicimos, bueno, que hizo él porque "yo tengo los brazos más largos". Decirle que íbamos a ir a Owensboro en verano y que dijera que por supuesto nos podíamos ver allí, con toda su familia. Las rodilleras de la última carrera que corrió en Cheste y que nos regaló, firmadas, a Trix y a mí. Que pasara delante de todos para venir a saludarnos aunque fuera durante diez segundos...

Y sobre todo, su voz al otro lado del teléfono hace apenas un mes, cuando vino a Motorland para la carrera de SBK. No pude ir a verle, cuestión de dinero que siempre lo fastidia todo, pero Trix me llamó y pude hablar con él. Le pregunté cómo estaba, "no muy bien" contestó, porque la moto este año le daba problemas. "No te desanimes, ya verás como las cosas mejoran. Recuerda que nosotros creemos en tí y te queremos igual, pase lo que pase". Se rió, me dijo "thank you so much" y se acabó.
No paro de recordar ese momento, ese regalo inesperado que, de repente, se ha vuelto precioso y único, inolvidable y mío, completamente mío.

Sé que todo el mundo habla de él ahora, de su calidad humana, y no puedo hacer más que darles la razón porque así era Nicky. Extremadamente educado, sencillo y cercano, terrenal, una estrella que brillaba con luz propia e iluminó la vida de todos aquellos que, en mayor o menor medida, tuvieron la suerte de tenerle cerca siquiera por un instante. Fue un campeón en la pista, poco reconocido por los "entendidos", y sobre todo fuera de ella y ahí es precisamente donde más se va a notar su ausencia.

Y a pesar de todo, del dolor, el vacío, las lágrimas que a cada rato vuelven, no puedo dejar de pensar que soy afortunada. Sí, afortunada, porque tuve el privilegio de conocerle y estoy segura que sabía lo que significaba para nosotros. Hubo un tiempo en que había legiones esperando a la salida del box, después fueron desapareciendo y quedamos nosotras, fieles de principio a fin, y Nicky lo sabía. Ahora no pero dentro de unos días, cuando asimile el dolor, ese pensamiento me reconfortará. Eso y poder hablar de él con la gente que compartía mis sentimientos: mi hermana Sonia, Alex y Trix, a las que conocimos gracias a él. Otra cosa por la que estarle agradecida, ¿ves?

En fin, mi intención era simplemente rendirle un pequeño homenaje, poner por escrito lo que Nicky significaba para mí y declarar que hay amores que mueren y otros, como éste, que jamás lo hacen.  Le recordaré siempre y le echaré de menos siempre. Siempre.

Goodbye, Nicky, I'll see you in heaven
 
mjo