martes, 29 de agosto de 2017

LO QUE PASA O NO PASA.

Por otra parte, sin novedad en el frente. Me da que mi ansiedad está llegando ya al punto "de esta noche no pasa que le diga algo y a ver qué pasa..."

Es que ya me matan las ganas de saber qué pasa, si es que pasa algo, o qué podría pasar, si es que puede pasar algo. Vamos, que yo me entiendo. Y entiendo que lo que tendría que hacer es pasar soberanamente, olvidarme de que existe y si quiere saber de mí, que me busque. Sí. Esa sería la opción más inteligente pero... Es mi maldita necesitad de saber la que no me deja!!!!

Pero desde cuándo tengo yo el sentido de la curiosidad hiperdesarrollado???? Que la curiosidad mató al gato y, a este paso, a mi me va a dejar hecha un asco para los restos!!!! Sí, que ya, lo que tú quieras pero yo necesito saberlo, así que va a ser que esta noche le mando el mensaje.

O mañana, que tampoco viene de un día, no? Y así también le doy tiempo a que sea él quién diga algo, salvándome el culo (y el resto del cuerpo) de hacer el ridículo más espantoso de los últimos... tres meses, más o menos.

Ay, Señor, llévame pronto...

Mjo


jueves, 3 de agosto de 2017

SIN FECHAS NI TITULOS (líneas encontradas en libretas perdidas)

Ando en busca y captura de quién fui yo hace un año. Me extravié en algún camino y no consigo encontrar el sendero que me traiga de vuelta a casa. Necesito recuperar mi vida, empezar de nuevo libre de cargas, sin tí en mi maleta y sin esperar encontrar ese "nosotros" que perdimos. No quiero olvidar que existes, tan sólo dejarte a un lado para seguir viviendo. Antes te quería cerca, ahora prefiero no verte. Aunque me muero de ganas por saber de tí, oír tu voz, hacerte sonreír y sentir que... ¿Qué? Nada. Porque yo sin tí era y yo sin tí seré. No sé qué pero lo averiguaré tarde o temprano.

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Y es que a veces tu recuerdo me golpea sin previo aviso, trayendo oscuridades que creía olvidadas. Y todo vuelve, lo bueno y lo malo, las ganas de verte, al ansia de tocarte, la necesidad de besarte y el tormento del vacío que me dejaste. Yo, que a ratos creo haberte superado, me encuentro de nuevo en el punto de partida, echándote de menos y deseando odiarte. Sería mucho más fácil, ¿sabes? Pero no puedo. Te quise demasiado y, en días como éste, te quiero todavía. 





(A veces me entran ganas de escribir y lo hago en cualquier parte. No pongo fechas, lugares ni nombres. Vacío la mente sobre un trozo de papel y lo olvido. Después me lo encuentro y me pregunto en qué estaría pensando en aquel momento y dónde me senté a escribirlo; sobre a quién me refiero casi nunca tengo dudas, suelo dejarlo claro. Cada párrafo que me sale al paso después de quién sabe cuánto tiempo es una sorpresa, a veces alegre, a veces triste, que siempre me arranca una sonrisa. Ahí, entre esas palabras, se esconde mi "yo" de entonces y merece la pena que lo conserve)

Mjo


jueves, 27 de julio de 2017

CAMBIO DE CICLO


Andaba trasteando por el blog de Marwan y me encontré con un poema de Benjamín Prado. Bonito, no. Hermoso, tampoco. Creo que hay cosas que se escriben para que otro las sienta, aunque las palabras no sean suyas, y este poema es un ejemplo claro. Selecciono tres fragmentos:

"Aprende a no querer a los que no te quieran
y elige bien a qué le tendrás miedo:
no habrá sombra que oculte lo que tú temas ver"

"No escondas lo que sientes por miedo a ser frágil,
como aquellos
que por guardar tan bien lo que más les importa,
lo pierden para siempre"

"Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día. 
No olvides que esta obra ha terminado.
No olvides que le hablas a un teatro vacío"

Lo leí tres, cuatro, cinco veces y me mordí los labios. Mal día elegí para esta poesía, hoy que ando haciéndome las mismas preguntas de ayer sin recibir respuesta alguna. 

Leí después los comentarios y encontré uno del autor. El principio (Marwancito) me puso una sonrisa en la boca y el resto, me la borró: "Ya sabes, una de esas cosas que uno escribe para poder huir de ellas. Es una sensación rara: ¿yo he escrito eso? Y, sobre todo, ¿"yo" he sentido "eso"?"

Me dio por pensar cuánto de huida hay en cada línea que escribo, cuánto de asombro al releerlas, quizá meses o años después, al recuperar el ritmo de las palabras y el sentimiento que las juntó. ¿Yo sentí eso? Lo que fuera: tristeza, dolor, soledad, alegría, amor, felicidad... Entiendo la pregunta y la hago mía. A veces creo que escribo para esquivar el olvido y otras, para entender por qué vivo. Ni olvido ni entiendo qué hago, por qué sigo repitiendo los mismos errores, una y otra vez. No me conozco ahora mejor que hace un año y sospecho que tampoco sabré quién soy de aquí a varios meses. Cambiamos con el tiempo, nada es permanente. Nada, excepto las heridas que parecemos empeñados en abrir cada cierto tiempo y las cicatrices que algunos dejan en nuestra piel.

Es curioso. Hacía mucho que no escribía aquí. Me ponía delante del ordenador y se me quedaba la cabeza en blanco. A veces pienso que las musas sólo me visitan cuando mi vida tropieza, cuando el suelo tiembla bajo mis pies, porque empiezo a pensar que las casualidades no existen. Todo pasa por un motivo, aunque no seamos capaces de verlo hasta que pase cierto tiempo o nos alejamos de la, digamos, escena del crimen. Ame se difumina en la distancia, cada vez se hace más pequeño y pierde importancia. Ésto también pasará. Nadie dijo que fuera fácil ni rápido. Nadie dijo que acertaría a la primera o a la quinta o, tal vez, nunca. Y nadie dijo tampoco que, después de levantarme, volvería a tener ganas de seguir intentándolo. Quién sabe, cualquier día podría ser MI día. 

Prometo contarlo. 

Mjo



domingo, 28 de mayo de 2017

LA RIDICULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE

No.

Sigo sin creerlo.

Es que no puede ser. ¿De verdad te has ido? Venga ya... ¿en serio?

Y así una y otra vez.

Sé que sí, es verdad, que te has ido y nos has dejado pero sigue siendo tan difícil de creer... Tengo montones de imágenes que no dejan de asaltarme cada vez que bajo la guardia y me distraigo. Consuelan y duelen a partes iguales, a veces más, a veces menos, pero no puedo dejar de recurrir a ellas. Puede que sea parte del sistema que mi cabeza, y mi corazón, se ha inventado para ir acomodándose a la idea de haberte perdido, mi manera de despedirme de tí. Porque necesito hacerlo, ¿sabes? Necesito decirte adiós y no sé cómo hacerlo.

Dicen que una persona muere dos veces; una cuando fallece y otra cuando se le olvida, y que una persona vive mientras se la recuerde, por eso sé que nunca saldrás de mi vida para siempre. Para empezar, estás en mi piel y no es una manera de hablar; me tatué tu numero en el tobillo hace años y, aunque nunca me he arrepentido de hacerlo, ahora estoy orgullosa de llevarlo. Además tengo tantas fotos tuyas en mi casa que no puedo entrar o salir de una habitación sin encontrarme contigo. Pero lo principal es el caudal inmenso de recuerdos que nos regalaste a través de un montón de años de hacer cola en la puerta de tu box o al pie del camión del equipo. Y esos son sólo míos, bueno, nuestros. No pretendo darme importancia ni mucho menos pero estoy segura de que, en algún momento, nuestra presencia te confortó después de un mal día. La fidelidad, el cariño, el respeto... ¿lo notabas? Seguro que sí.

¿Lo ves? Intento hilar mis pensamientos pero se me escapan. Puede que sea todo demasiado reciente y necesite algún tiempo para que todo se asiente. No sé, es posible. En cualquier caso, tengo la sensación que no será la primera vez que haga algo así, ponerme delante del ordenador y "hablarte" como no fui capaz de hacerlo cuando te tenía delante. Dios, qué boba, pero es que me dejabas KO, sobre todo al principio. No soy una persona extrovertida, ni por casualidad, pero lo que me pasaba contigo es digno de estudio. Con el tiempo, aprendí a superar la timidez o el miedo y encadenar dos o tres frases seguidas. Eh, todo un logro, no creas que fue fácil. Y gracias a eso, pude hablar contigo por última vez hace poco tiempo y, a mi manera, decirte lo que significabas para mí, demostrarte mi apoyo a través del teléfono. Si hubiera sabido que era la última vez... aunque no, mejor no haberlo sabido porque entonces quizá no habría podido decirte nada. Me quedo con ese último recuerdo, ese inmenso regalo que me hicieron, y el sonido de tu voz y tu risa al otro lado del teléfono.

Sí es ridícula la idea de no volver a verte. Yo sólo necesito cerrar los ojos para verte en mi memoria, para sentirte en mi corazón, aunque no compense el vacío que dejas.

mjo






("La ridícula idea de no volver a verte" es el título de un libro de Rosa Montero. No lo he leído pero siempre me llamó la atención el nombre y ahora lo tomo prestado, sin ánimo de ofender ni utilizarlo de forma fraudulenta, porque es la frase perfecta para lo que siento.)