sábado, 5 de noviembre de 2016

CRONICA DE UN VIAJE (día 3)

  5- OCTUBRE - 2016, Miércoles  (Santa Croce, Ufizzi, visitas nocturnas)    


Santa Croce, fachada
Dante, tan serio y formal...

No es bueno empezar el día corriendo como una loca. Estaba convencida que tenía la entrada reservada para la Santa Croce a las 10 y no, es para las 10:30 h. Resultado: he salido del hotel algo más tarde de lo que quería y, plano en mano, me he lanzado a la calle. Para nada porque he vuelto a perderme y he tenido que preguntar dos veces. Total, que he ido pasando por calles estrechas, he sorteado conductores que respetan poco o nada las normas de circulación, he encontrado (otra vez) la Chiesa de Dante (tengo que ir a decirle un par de cositas a Beatrice) y cuando creí que no llegaría a tiempo, he salido a la plaza de la iglesia y he encontrado la entrada justo cuando daban las diez de la mañana. Dispárame, por favor, ¡estoy destrozada!

Voy a hacerle fotos a la estatua de Dante. ¡Creo que voy dominando el palo-selfie poco a poco!
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En el patio de la Santa Croce (¡claustro, se llama claustro!) donde todo era silencio hasta que salió el grupo de japoneses de turno y lo estropeó todo. Aún así, hay paz. El sol calienta de lo lindo y es el sitio perfecto para sentarme un rato y escribir.

Galileo Galilei
Nave central de la Santa Croce, de Brunelleschi
Esta iglesia es puro lujo y sus paredes están llenas de historia y nombres ilustres. Aquí reposan los restos de Michelangelo, Machiavelo, Galileo, Rossini y aunque Dante no está aquí, también tiene su huequito en un lateral.  El catálogo de esculturas es impresionante, no sé con cuál me quedaría. ¿Las musas dolientes por la muerte de Dante o las guardianas del talento de Michelangelo? Mmmm... difícil elección. Lo cierto es que puedes pasar mucho tiempo observándolas, incluso las más sencillas rozan la perfección.

Michelangelo
Dante
Un consejo: está bien que te distraigas mirando las paredes pero no pierdas de vista el suelo, que está cubierto por lápidas con las formas de los cuerpos talladas y algunas son ligeramente traicioneras. La última vez que vine tropece con la punta de unos escarpines que sobresalían y casi me doy de morros contra el mármol. Creo que fue la venganza de la fallecida por algún comentario graciosito que debí soltar, mi hermana todavía se ríe cuando se acuerda. Ahora casi todas están señaladas para evitar accidentes pero yo, por si acaso, te aconsejo que no te despistes demasiado y mires por dónde pisas. Así saldrás ileso y, además, verás algunas lápidas ciertamente interesantes.

Machiavelli
Después de recorrer la iglesia de punta a cabo, incluyendo las muy interesantes capillas Peruzzi, Bardi, Castellani, Baroncelli, con sus espléndidos frescos de Giotto y Gaddi,  salí al claustro para disfrutar del buen tiempo que Florencia me estaba regalando. Allí está también la capilla de los (infames) Pazzi, que supongo que conserva poco de la época porque me pareció fría e impersonal, aunque tenía varios mosaicos en las paredes que podían ser de Andrea della Robbia, por el estilo. Antes de irme visité el pequeño museo, donde había dos equipos de restauradores trabajando a la vista del público. Me pareció interesante ver el cuidado con el que limpiaban los frescos de las paredes sin importarles ser observados.

Rossini
Ah, otro consejo. En el claustro, en el lado de la derecha, hay un túnel que lleva a una galería con el suelo completamente cubierto de lápidas. Empiezo a pensar que este blog está quedando muy tétrico pero qué le vamos a hacer, en las iglesias te encuentras lo que te encuentras.  Si te da manía o "cosita" pisar las lápidas que te encuentras en los templos antiguos, mejor no te metas aquí. A no ser que quieras hacer de Spiderman, algo que no te resultará sencillo porque también en las paredes hay lápidas.

Mis trastos contra el claustro.
Y ya está. Completada la visita pero todavía me resisto a marcharme. Este claustro me encanta, así que vuelvo sobre mis pasos y me siento un rato a contemplar la gente que va y viene. Se me ocurre que si algún día tuviera la suerte de que me tocara una lotería muy millonaria, me haría una casa con un patio interior de este estilo, con arcadas y columnas, un naranjo o un pozo en el centro y cesped con algunas plantas que en primavera lo llenaran todo de color. Reservaría un rincón para escribir y  hala, a vivir la vida. Qué barato es soñar... Mejor me pongo en movimiento, me espera una tarde intensa.

Una de las lápidas del suelo. ¡Ojo con los pies!

Se ve que me sienta bien la Santa Croce (modestia aparte)
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Tumba de Beatrice Portinari, en la Chiesa de Dante
Bicicletas vestidas de primavera
Estupendo. Una hora buscando la Chiesa de Dante y justo cuando iba a ponerme a explicarle a Beatrice Portinari que no me había hecho mucho (ninguno) caso la última vez, invade el lugar una manada de estudiantes con su guía y se acaba la paz. Encima no hablan ningún idioma que yo entienda así que no puedi ni aprovechar las explicaciones que están dando. ¡Ah, mira! Entendí "comedia", "Dante", "Beatrice" y "Giovanni Boccaccio". Lástima que me pierda el resto, seguro que todo junto tiene sentido. En fin, ya volveré luego. Me voy a comer. Hoy toca pasta, a ver si encuentro un sitio en no me cueste un huevo.
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Me he sentado en las escaleras del Museo del Ufizzi a esperar que llegue la hora de entrada. ¿De dónde sale toda esta gente? Me aprece increíble la cantidad de personas que se mueve a mi alrededor. Se escuchan mil idiomas diferentes, se ven casi todas las razas y, por goleada, ganan los japoneses. O los chinos. Da igual, los de los ojos chiquininos que dice mi madre. Te los encuentras en todas partes. ¡En San Miniato al Monte ayer había una boda! Y se les ve el dinero desde lejos. Me pregunto cómo debe ser viajar sin tener que preocuparte de gastar más o menos... A estas alturas del viaje, creo que necesitaría una nueva maleta para cargar con mis compras.

Detrás de mi, un guía intenta convencer a una pareja para hacer una visita al Ufizzi y por Dios que se esfuerza. Por desgracia, no lo consigue. La pareja se va con cara de "no me comas la olla" y el guía parte a buscar otra víctima potencial. Yo voy a ver si ya puedo coger mi entrada, tengo muchas cosas que ver y no quiero perder ni un minuto más del necesario. Cuando quiera hacer cola, ¡me iré a Port Aventura!

Claro que si quiere guiarme el muy atractivo guía que hay por aquí, bueno, pues oye... igual me dejo. Qué monada de hombre.
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Mientras espero, observo a los turistas que hacen cola para entrar. Está la típica pareja de ex-hippies que se ha quitado las flores pero sigue conservando el aire bohemio. La combinación de colores duele a la vista. Una pareja de viaje de novios, imagino, porque no tienen ojos para nada más que ellos mismos. Qué lástima de viaje, no sé si lo van a aprovechar demasiado (sí, los odio, ¿y qué?). Los japoneses con todo el arsenal de tecnología disponible: tablet, móvil, megacámara y cacharrito con auriculares donde, imagino, alguien les cuenta dónde están y qué pasó en ese lugar exacto hace cientos de años. Oh, el inefable grupo de turistas con guía gritón que, por supuesto, habla raro; éste lleva un Mario Bros pinchado en un palo para que nadie se despiste. Cinco minutos de rollo y hala, ¡al Ponte Vecchio!

Un minicamión de basuras se para delante. En el lateral dice "Keep me clean! Con amore, Firenze". Si no se puede con la fuerza, a ver si el amor consigue que la gente sea un poco menos guarra.

Mira, se acercan los abuelos irredentos que se sostienen el uno al otro porque el asfalto del Piazzale degli Ufizzi es antiguo y traicionero. Con paso lento pero seguro llegan a las escaleras de acceso. En una mano, la entrada y en la otra, ellos. Me pregunto cuánto tiempo llevarán juntos. Como estoy un poco anti-romance ahora mismo, me da por pensar que no se cogen por amor sino para asegurar sus pasos pero me arrepiento enseguida. Que a mi me vaya mal no significa que el resto del mundo le vaya igual. Este egocentrismo mío...

Ajá. Faltaba la asiática del paraguas. Por Dios, qué manía. Si hubieran venido antes y sólo hubieran visto lluvia, agradecerían este sol de la Toscana que calienta la piel y el alma.

Mejor voy ya a por las entradas que me estoy poniendo ñoña.
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Llevo un lío con los horarios... si normalmente me despisto, ahora ni te cuento. Tengo entrada de 15:15 a 15:30, no a las 15 h en punto. Cómo se alargan los minutos a veces. Puñetas.
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Ahora en serio. Que alguien me dispare de una vez. Ayer cambié la hora del reloj porque en San Marco vi que la llevaba atrasada. Bueno, ¡pues mal hecho porque la llevaba bien! Llevo todo el día llegando a los sitios mucho antes de lo que debería y, claro, también me levanté antes. Con razón no había nadie desayunando cuando bajé. De verdad que me dan ganas de echarme a llorar. ¿A qué hora me he comido los spaghetti carbonara? A las 12:30, muy americano todo. ¿Ves como tengo razón? En fin, voy a tomarme otro café, a ver si espabilo.
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Pasillo del Ufizzi
Sala del Ufizzi
Ahora mismo me gustaría ser capaz no ya de pintar, sino de esbozar algo. Estoy sentada en la terraza del Museo Degli Ufizzi, con la Torre Della Signoria a un tiro (largo) de piedra, tomándome un capuccino con carquinyolis (que les llamarán biscotti di Prato pero son carquinyolis de toda la vida) por lo que voy a pagar lo que no tengo pero me da igual. Vale la pena el gasto. Esta noche, barrita de cereales y agua para cenar y compensado el gasto. Ahora suenan las campanas del Duomo. ¡Estoy a punto de tener un arrebato espiritual que pa qué!

Botticelli, "La Calumnia"
Me he hecho amiga de un par de gorriones con los que estoy compartiendo la merienda; se me quedan mirando hasta que les hecho unas migas. Claro que las palomas también se apuntan a la fiesta pero, lo siento por ellas, ya no queda nada más que echar.

Botticelli, "El nacimiento de Venus"
Capuccino con vistas

Echo de menos a mi hermana. Hoy habría disfrutado un montón, por fin podría haber visto las obras de Botticelli sin niños gritones que molestaran. Eso sí, la lucha para llegar a los cuadros ha sido leonina. ¿Por qué algunas personas necesitan "subirse" al cuadro para verlo? ¡Por Dios, ni que fueran a contar las pinceladas! Pero con paciencia, y algo de impertinencia (no lo voy a negar), he conseguido hacer fotos y creo que alguna es buena. Teniendo en cuenta que son con el móvil y teniendo una la gracia que tiene, claro. Ahora voy a pagar y a seguir con la visita. Faltan los Leonardos, entre otros.

Leonardo Da Vinci, "Anunciación"
Por cierto, tengo que acordarme de comentar con Sonia la muchísima gente que me encuentro en todas partes. Vale que vinimos en febrero y hacía frío, llovía, pero no había ni la mitad de personas que ahora. La Santa Croce la vimos solas y en el Ufizzi, exceptuando ciertas salas, tampoco encontramos tanta gente pero ahora... qué exageración. Igual lo recuerdo mal, lo comentaré con ella a ver si tiene la misma impresión que yo.
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Acabé paseando por la ciudad cuando salí del museo. Empezaba a caer la noche y pensé que sería una buena idea verla bajo esa luz. Y no me he equivocado. He ido hasta el Ponte Vecchio, lo he atravesado y, siguiendo el otro lado del Arno, he ido andando hasta el puente anterior. Las vistas desde allí eran preciosas, he hecho un montón de fotos que espero que se vean medianamente bien. Después he vuelto a "lado conocido" y he vuelto hasta el Piazzale degli Uffizi, a seguir el camino habitual de vuelta al hotel. Pasé por la Piazza de la Signoria, que se veía preciosa iluminada, y había un señor tocando la guitarra. Estaba a punto de salir de la Piazza y empezó a sonar la música del "Romeo y Julieta" de Zeffirelli (una de mis películas favoritas) y volví a sacar el móvil para grabar el momento. Fue impresionante. Llegué a la Piazza del Duomo y bueno, vale, sí. Ya sé lo que estareis pensando y sí, he vuelto a perderme pero oye, que preguntando se llega a todas partes y la gente siempre es amable si te esfuerzas por hablar su idioma. Aunque no lo hagas bien, jajajaja! De camino compré algo para cenar en el hotel y ya está. Hasta mañana. Se me cierran los ojos.

mjo



 








jueves, 3 de noviembre de 2016

CRONICA DE UN VIAJE (día 2)

  4- OCTUBRE - 2016, Martes  (Piazzale Michelangelo, San Miniato al Monte, Cimitero delle Porte Sante, Duomo, San Marco)    

Hoy toca coger el autobús hasta el Piazzale Michelangelo. IMPORTANTE: hacer una señal al conductor para que pare o pasará de largo. ¿Que cómo lo sé? ¡Pues porque me ha pasado, jajaja! Qué cateta soy. a ver lo que tarda ahora en venir el siguiente. Voy bien de tiempo pero me toca las narices estar aquí plantada sabiendo que ahora estaría a mitad de camino. Ais... cuando lo vea asomar por la esquina me tiro en la carretera para asegurarme que para.

Anoche llegué reventada al hotel. Apenas tuve fuerzas para ponerme el pijama y tirarme en la cama. Hablé un rato con mi hermana, colgué unas fotos en facebook y caí rendida. He dormido de maravilla. Me encanta la cama, es enorme. Si me pongo en medio y abro los brazos, no toco los bordes. Traeme la almohada de mi casa ¡y no querré salir de aquí jamás!
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Candados de amor con el Duomo de fondo.

¡POR FIN! Qué odisea para llegar hasta aquí pero, madre mía, vale la pena la espera y el camino. Tener Firenze entera a tus pies bien vale el esfuerzo. ¡Qué maravilla! Si no te enamoras aquí de la ciudad, déjalo. No lo harás nunca.

Yo intentando entenderme con el palo-selfie. 
El Duomo y su Campanile te roban la mirada porque están en el punto central de las vistas. A la izquierda, la Signoria y el Ponte Vecchio con el Arno que se desliza tranquilo. Y a la derecha, la Santa Croce. Y por todas partes, mil tejados rojos punteados con torres oscuras y pequeñas cúpulas aquí y allá. Es demasiado hermoso para describirlo con palabras, hay que venir y sentirlo dentro. A mi lado, mientras hacía las fotos, una señora lloraba. ¿Y quién se lo puede reprochar? Yo no, eso os lo aseguro. Estoy pensando en cómo debe verse por la noche y quizá, quizá, lo haga. No me gustaría irme sin esa imagen.

Una última foto y a por San Miniato al Monte.
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San Miniato al Monte
Vaya experiencia la de esta mañana, ando de asombro en asombro. San Miniato es ALUCINANTE. Es una iglesia grande, con decoración de corte bizantino, con todas las vigas del techo (a dos aguas) decoradas y el suelo lleno de placas de mármol que ocultan tumbas. Tiene una cripta bajo la zona del Altar Mayor que me ha dejado boquiabierta. Se supone que no se deben hacer fotos ahí pero no he podido resistir la tentación. Un sitio precioso, de verdad.
Cripta de San Miniato al Monte

Después he visitado el Cimitero delle Porte Sante, que está justo delante de San Miniato. Y qué vistas tienen estos muertos... Así ¿cómo no descansar en paz? Es impresionante. Nada más entrar me picó un mosquito, algo que me suele suceder cuando voy al de Vilafranca, pero se me olvidó pronto. Fue mi contribución, desinteresada, al mantenimiento de la fauna local.

Cimitero delle Porte Sante
Cimitero delle Porte Sante
Este cementerio es absolutamente increíble. No se de qué año datará, pero en la entrada hay una placa que dice "Cosimo Med Florentie et Senar DVXII"(no es que me acuerde de la inscripción, es que le hice una foto y la acabo de consultar) así que le presumo una antigüedad más que respetable. La estructura es extraña, tiene poco que ver con los de aquí. Las tumbas se extienden por terrazas por las que cruzan los senderos de piedras, rodeados de bloques de nichos a cuatro o cinco alturas. No sólo hay lápidas en los nichos, también tienen bustos que representan al fallecido y algunos, al verlos de lejos, parecen asomar desde el interior, vigilando (y sobresaltando) al caminante despistado. En este caso, yo. El efecto es sobrecogedor incluso a plena luz del día. Las tumbas del suelo también tienen su cosa, no creáis... Sobre las losas blancas, dispuestas con orden en todo el espacio disponible, se erigen las esculturas de angelotes, vírgenes más o menos tenebrosas y columnas con la imagen del muerto, increíblemente detallados. La mayoría que vi eran del siglo XVIII y XIX, y se apreciaban los peinados a la moda, con peinetas o joyas adornando el cabello, parte del vestido, una sonrisa, las patillas de los caballeros, un ceño fruncido, un sombrero de copa, un monóculo... Me ha llamado la atención la cantidad de columnas truncadas que vi. Yo, que por lo que he leído, estaba convencida de que era un símbolo masón o sólo se podían encontrar en terreno no consagrado, me he quedado bastante sorprendida. Tengo que buscar más información sobre este tema, me pareció curioso.

Cimitero delle Porte Sante
Mención aparte merecen los enterramientos infantiles. ¿Mi opinión? Escalofriantes y tristes, muy tristes. Había varias agrupadas en un rincón, a medio camino entre el sol y la sombra. Un ángel que cogía el cuerpo de un niño con cuidado, un infante que se limpiaba la cara, pequeñas esculturas vestidas de época, un par de bustos de ojos huecos y algunas fotografías desteñidas por el tiempo y el olvido es todo lo que queda de ellos. No estaban más descuidadas que las demás pero es la parte que menos me ha gustado. Me ha parecido demasiado solitaria, abandonada, fría. Triste. Muy triste.

Cimitero delle Porte Sante
Cuando estaba a punto de irme, unas figuras muy blancas me han llamado la atención y he decidido ir a ver qué era. Según me he ido acercando ya me daba cuenta que eran preciosas y, al tenerlas delante, me he quedado sin palabras. Sobre una lápida de mármol gris, sin adornos, dos esculturas de tamaño natural escenificaban lo que podía ser una escena de baile. Un hombre vestido de militar tendía las manos, sonriendo, a una mujer vestida con un traje largo y el pelo, con ligeras ondas, caía suelto hasta los hombros. Ella no lo miraba pero sonreía, feliz. No sé qué momento de su vida en común debía reflejar el conjunto pero imaginé dos posibilidades: el momento de su primer baile como marido y mujer o quizá el instante en que ambos se reecontraron después de morir. En cualquier caso, debió ser un momento feliz que merece ser plasmado en lo que sólo puedo llamar obra de arte. Me ha dejado muy impresionada y he salido del cementerio relajada, en paz. Ha merecido la pena la visita y el picotazo del mosquito. (Más tarde me enteré que las figuras eran, en realidad, hermanos. Él,  Mario, piloto de combate, murió en Alemania en 1944 y ella, María, poco después de casarse en 1945. Las estatuas las encargó su madre en 1947. Las figuras los representan con el uniforme de aviador y el vestido de novia respectivamente)

He vuelto al Piazzale a coger el autobús de vuelta al centro. Esta tarde quiero subir a la Cúpula del Duomo y ver la ciudad desde las alturas.
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Esta ciudad se está apoderando de mi. Sé que es una tontería y que, desde luego, no lo hago bien pero me salen las palabras italianas automáticamente. Acabo de comer al pie del Duomo, para no perder más tiempo a la hora de ver la Cúpula y eso. Mientras comía, veía los mármoles de la fachada y pensaba que no quiero irme nunca, quiero quedarme aquí para siempre.

Firenze es una locura de turistas. No hay respiro, en  todas partes te encuentras alguien cámara en mano, intentando inmortalizar el momento, el lugar. Pero no se puede. ¿Cómo capturar una ciudad que respira, que late por debajo de la historia y el arte? Siete ciudades en diez días, ¿cómo sabes dónde tomaste esta foto o aquella? Llevarte el silencio de una capilla bajo tierra o de un jardín de recuerdos, el olor a tierra mojada del bosque o las voces de la gente que viaja en el autobús a tu lado. Hay que vivirlas, las ciudades hay que vivirlas, abrir los poros para que se metan bajo la piel. Me estoy empapando de Firenze y ya sé, positivamente, que volveré. La mitad de mi alma se quedará aquí.
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Último tramo de la escalera.
Madre mía, qué "panzá" de escaleras ¡otra vez! Peor que el Campanile, más cantidad y más estrechas. He contado un tramo de sesenta escalones de caracol , un pequeño rellano, y otras sesenta del mismo estilo. He acabado mareada perdida jajaja. Y una vez arriba del todo, después de recuperar el aliento, contemplar la ciudad desde las alturas. A ver, es una pasada ver Florencia en un giro de 360º grados pero por el ascenso asesino (sobre todo el último tramo) y la cantidad de gente que había, casi no merece la pena. Había peleas por un trozo de terraza donde hacerse la foto sin que saliera un japonés con su pedazo de cámara o el palo-selfie peligrosamente asomado en el vacío. Sí vale el esfuerzo, sin embargo, por ver las pinturas de la Cúpula de cerca. De otra manera es imposible apreciar la cantidad de detalles de los frescos. Y lo deteriorados que están en algunas zonas, por desgracia. Qué pena.
Frescos de la Cúpula, obra de Giorgio Vasari

Cuando he bajado he ido a celebrarlo comiéndome un gelatto piccolo, no sea que recupere algo de lo que he ido quemando durante el día. Y he acabo sentada en la Loggia dei Lanzi, escribiendo las postales, mientras la gente se volvía loca alrededor haciendo fotos y más fotos. Los turistas somos una raza aparte, está claro.

Gelattos. Mmmmmm...




Después me he comprado un panini para cenar en el hotel y, como ya tocaba, me he perdido un poco en el camino de vuelta. ¡Pero sólo un poco! Y gracias a eso, he visto la Chiesa de San Marco, el Palazzo Medici-Ricardi y he acabado en la Via Reparata, que es donde estaba el restaurante del viaje de final de FP el día que diluviaba y acabamos perdidas y empapadas. Qué cosas, oiga...


Palazzo Medici - Ricardi


Ahora voy a pegarme no una ducha sino un baño de pies, que me duelen como si no hubiera un mañana. Y a dormir. Mañana toca Santa Croce a fondo y Ufizzi en vena por la tarde. Presiento orgasmos múltiples toooooodo el día.

Mjo

Firenze, desde el Piazzale Michelangelo
Savoranola


Chiesa di San Marco



miércoles, 2 de noviembre de 2016

CRONICA DE UN VIAJE (día 1)

   4 - OCTUBRE - 2016, LUNES (Barcelona-Firenze)   

Ya está, llegó el día. Me voy. De verdad que me voy!!! Eso es lo que me vengo repitiendo desde que sonó el despertador hace unas horas. Son las 06:05 de la mañana y estoy sentada en el aeropuerto, esperando que digan en qué puerta me toca embarcar. Creo que la chica del mostrador de Vueling me dijo la B35 pero se me ha olvidado. Qué típico de mi, eh? Al menos hasta ahora no hay retraso en el vuelo, esperemos que siga así.

De momento todo salió bien. Sonó el despertador a la hora que tocaba, salí de casa tal y como había previsto y llegué al aparcamiento donde he dejado el coche sin perderme ni nada. La tarjeta de embarque en el móvil y haber facturado la maleta "on line" lo ha hecho todo mucho más fácil y rápido. He desayunado (pagando un riñón, por cierto) y ahora sólo queda lo más importante: que anuncien la puerta de embarque y el vuelo salga a su hora. Estoy deseando salir ya!

Parece mentira la cantidad de gente que hay a esta hora en el aeropuerto. Me pregunto si alguno se sentirá tan pardillo como yo. Tengo la impresión de que sólo con mirarme sabrán que viajo sola por primera ver y, por debajo de toda la excitación, late un miedo atroz. A qué? A nada en concreto y a todo a la vez. Perderme en la ciudad, quedarme sin poder visitar alguno de los museos porque no hice bien la reserva, gastar demasiado dinero... No sé, todo un universo de cosas en las que intento no pensar pero que se cuelan en mi mente en cuanto me descuido.

Y parece que el vuelo sale a tiempo. Ya estoy dentro, sentada en la cola o casi, acabando de escribir la primera toma de este diario de viaje. Hace un rato fui al Duty Free a comprar un bálsamo de labios y la chica me pidió la tarjeta de embarque. "Destino final, Florencia?" me preguntó. Estuve a punto de decirle "no, destino final: recuperar mi vida", pero igual me toman por loca y no me dejan subir al avión.

Florencia, allá voy!
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Cúpula del Duomo, primer vistazo
Puertas originiales del Battistero


























Conseguí llegar sin perderme, aunque no las tenía todas conmigo y pregunté un par de veces para asegurarme que iba bien. Confieso que cuando he visto la Cúpula al final de la calle se me han saltado las lágrimas. Casi no puedo creerme que estoy realmente aquí!

Para variar, Firenze me recibió con lluvia pero ahora hace sol y calor. Organicé la ropa en el armario y salí del hotel con ganas de comerme un caballo. Qué hambre! Pero se me olvidó todo en cuanto vi que el Duomo estaba al final de la calle. La primera visita fue al Museo, es donde había menos cola. Allí he visto las puertas originales del Battistero, son una maravilla, impresionantes. Después al Battistero por la misma razón: no había que esperar mucho. Ahora estoy comiendo una pizza funghi al tagglio con vistas a los mármoles del Duomo, sonriendo entre bocado y bocado. Aprovecharé la hora de comer del resto de turistas para entrar en la Catedral y subir a la Cúpula, etc. El Campanile lo dejo para mañana porque la entrada para el complejo entero es válida para cuarenta y ocho horas.
Pizza al taglio. Mmmmmmm!!!!!

Me acabo la pizza y andiamo!




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Campanile
Firenze, a mis pies, desde lo más alto del Campanile



















 Cambio de planes. La cola para entrar en la Cúpula era una locura, así que lo cambié por el Campanile. Aguantar al sol ha sido casi peor que la subida. He dicho casi!!!! No recordaba que me costara tanto la otra vez pero claro, pudimos hacer paradas porque estábamos solas. Esta vez había tanta gente que pararse a tomar aliento no era opción. La última parte, en especial, ha sido complicada. El hueco de las escaleras es estrecho y me he encontrado con gente que bajaba. Qué agobio! Tapaban la luz y andaba más pendiente de evitar la parte más estrecha del escalón  que de disfrutar del ascenso. Pero todo se olvida cuando sales al pasillo exterior y Firenze se extiende a tus pies... A pesar del dolor de gemelos, la respiración de abuela y el sudor de la frente, la subida vale la pena. Acabo de renovar mi amor por esta ciudad. Me declaro florentina de corazón desde este mismo instante.

Escaleras del Campanile. 
Y mala persona, porque después de un rato sentada, me puedo concentrar en los resoplidos de la gente que llega con la lengua fuera, la cara roja como si fuera a explotarles y esa mirada de "casi me cuesta la vida pero lo he conseguido!" que, seguramente, se parece bastante a la mía de hace un rato.

Se acabó el relax. Es hora de volver a poner los pies en el suelo. Y buscar un sitio donde comprar un palo-selfie, con todo el dolor de mi corazón!
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Palazzo Vecchio y Loggia Dei Lanzi
Siguiente parada, Loggia dei Lanzi, Piazza della Signoria. Echo de menos a mi hermana. El fin de semana que pasamos aquí es uno de los más bonitos de mi vida, cómo disfrutamos! A pesar del frío y la lluvia, nos lo pasamos de miedo. Supongo que esa es la diferencia entre hacer un viaje por hacerlo y compartir la experiencia con alguien que lo disfruta tanto o más que tú. Algún día volveremos juntas y nos traeremos al seitó, para que conozca de primera mano lo locas que están su madre y su tía y aprenda a amar el arte y la historia en uno de los lugares más hermosos del mundo. Una de dos, o se enamora como nosotras o la odia para siempre.

Palazzo Vecchio y Loggia dei Lanzi
Apenas son las tres de la tarde. Tengo la sensación de llevar horas, días en la ciudad. Ahora voy a entrar en el Palazzo della Signoria, a ver si me concentro y consigo escuchar la voz de Il Magnifico hablándome a través de los siglos. O ver qué pasó aquí cuando los Pazzi quisieron acabar con los Medici. O a Savoranola arder en llamas. O... mejor me voy, tantas cosas empiezan a afectarme el cerebro.

Lo cierto es que estoy disfrutando del día. Empiezo a estar cansada y veo venir un dolor de cabeza esta noche pero como estoy preparada, me tomaré un sobre después de ducharme y ya está. Lástima que no tengo bañera. Me daría un largo baño antes de acostarme y me quedaría tan a gusto. Bueno, pues ducha corta y ya está, que puede hacer el mismo efecto y gasta menos agua. Ahora volveré a la Piazza della Signoria, quiero buscar la Via del Corno y la Placa de Vasco Pratolini. ¿Quedará alguno de los pobres amantes de sus crónicas? Quién sabe.

Ponte Vecchio
Por cierto, me compré el palo-selfie. Yo, que los odio y tanto los he criticado, con un palo-selfie por el mundo! Qué vergüenza. Pero era eso o no salir en ninguna foto medio decente y, lo siento, pero quiero que se sepa que estoy aquí. Y punto. Ya me tragaré mis palabras cuando vuelva.
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 Me metí en una iglesia a descansar un poco y aquí me quedé casi una hora. Por los altavoces sonaba el Adagio de Albinoni y me cayó encima todo el cansancio de los últimos días. El emocional, al menos, porque el físico hace rato que me pesa en las piernas. No creo que tarde en volver al hotel. Cenaré algo por el camino e intentaré encontrar un super donde comprar galletas o patatas o lo que sea, por si me da hambre antes de acostarme.
 

Mañana, más.

Mjo