viernes, 15 de octubre de 2021

OSCURO DESEO

Noche de jueves.

No puede.

Lo intenta, pero no puede.

Y lo sabe y, en el fondo, le da igual.

No, no le da igual, pero tampoco le importa demasiado.

Nada funciona cuando se aleja, lo sabe, así que ¿por qué debería dejarlo?

¿Para sufrir aún más?

No tiene sentido.

No lo tiene.

Si se pasa el día deseando que regrese, ¿a santo de qué viene esa necesidad de dejarlo?

Es absurdo. Ridículo. Impensable.

IMPOSIBLE.

Por Dios, qué tontería. ¡Claro que es posible! ¡Puede dejarlo cuando quiera!

Hoy, por ejemplo. Ya. En este mismo momento.

Sólo tiene que levantarse, abrir la puerta, salir y listo.

¿Ves? ¡Es fácil!

¿Ah, sí? ¿Es fácil? Entonces...

¿Por qué no lo haces?

- ¡PUES PORQUE NO PUEDES, IMBÉCIL, POR ESO NO LO HACES! – le grita Helena a su reflejo. Tiene tentaciones de ponerse dramática y, como en las películas, pegarle un puñetazo al espejo. Hace el gesto y, en el último momento, desiste. Le habría encantado destruir su propia imagen, hacerla añicos, romperla en mil pedazos, pero ya le va lo suficientemente mal como para invocar otros siete años de mala suerte.

- Helena, ¿estás bien? – La voz de Carlos le llega amortiguada por la puerta cerrada del baño. Un escalofrío le recorre la espalda, placer y miedo mezclados en un cóctel explosivo

- ¡Sí, no pasa nada! Me he... dado un golpe con la mampara. ¡Qué torpe soy, jajaja! – improvisa. Apoya la frente en el espejo, cierra los ojos y respira hondo varias veces-. Me ducho y salgo, ¿vale?

- Oye, no te puedo esperar – un par de golpes en la madera la sobresaltan-. Me esperan en casa y ya voy tarde. Te he dejado dinero para el taxi en la mesita de noche, ¿vale? Hablamos mañana y quedamos para la próxima semana. ¡Adiós!

- ¡No, espera! – Sale del baño para despedirse y sólo alcanza a ver la puerta de la habitación que se cierra sin hacer apenas ruido-. Quería decirte adiós. Y que te quiero.

Se sienta en la cama y empieza a llorar.

Durante una hora, se revuelca en la rabia, la impotencia, la tristeza.

Después se da una larga ducha, rogando para que el agua se lleve también las últimas lágrimas. Cuando siente la piel a punto de desprenderse de los huesos, sale, se viste y echa un vistazo alrededor.

No queda más rastro de su presencia que las sábanas arrugadas y el dinero en la mesita.

Aunque la habitación está pagada hasta mediodía, no quiere quedarse en esa cama, respirando el olor de su cuerpo y notando el frío a su espalda. 

Mejor se va.

Recoge sus cosas y sale sin mirar atrás.

Hace el camino de vuelta andando. Quizá el frío de la madrugada le ayude a despejarse, a tomar una decisión, a hacer algo de una puta vez.

Fuma un cigarrillo tras otro.

Maldice el día en el que lo conoció, el momento en que la besó por primera vez, el recuerdo de sus manos sobre su cuerpo.

Le odia.

Le desea.

Vuelve a odiarle.

Le echa de menos.

Y sigue deseándole.

Repasa sus últimos mensajes.

Mira sus fotos, las que le había hecho con su conocimiento y las que robaba de sus redes sociales.

Sonríe.

Llora un poco.

Se harta.

Le duelen los pies.

Está cansada.

Decide en firme que ha sido la última vez.

Aprieta los puños hasta clavarse las uñas en las palmas de las manos, creyendo que ese dolor apagaría el otro, el que no deja huellas, pero se equivoca.

Grita, en una calle vacía de gente,  que no volverá a verle, que no contestará sus llamadas y se olvidará de él en un abrir y cerrar de ojos. O dos.

Para cuando llega a casa, poco después de la medianoche, ya ha cambiado de opinión.

Como siempre.

Maldita estúpida.

Maldito cabrón.

Maldito amor.

 

 

 

Noche de jueves.

Alba se retoca el maquillaje frente al espejo y, satisfecha, le guiña el ojo a su reflejo.

La mujer que le devuelve la mirada no tiene dudas ni miedos, está segura de lo que quiere y ha decidido que, mientras suene la música, seguirá bailando.

No es perfecto. De hecho, está muy lejos de serlo, pero ¿quién quiere perfección cuando puede sentirse viva?

“Viva, sí... Una vez a la semana, dos si tienes suerte, tres si se alinean los planetas”, le dice la burlona voz de su conciencia.

“Menos da una piedra, querida”, contesta, y se pinta los labios con el rojo furioso que sabe que le gusta.

Suena la puerta. Un toque. Dos. Alba se da un último vistazo, le guiña un ojo a la mujer del espejo y se acerca a la puerta.

Abre.

Carlos sonríe, le tiende una rosa roja de tallo largo y entra.

Cierra la puerta.

La abraza.

Le dice al oído “Qué ganas tenía de verte”.

La abraza.

La besa.

Y el resto, mañana, da igual.


Mjo

15-10-2021

sábado, 2 de octubre de 2021

PUNTO DE PARTIDA - PUESTA DE LARGO

Hola a todos!

He estado desaparecida, lo que no es sinónimo de "quieta", y ahora que la bronquitis me ha atropellado, pues aprovecho para sentarme delante del portátil y contaros algo. ¿Interesante? Hombre, emocionante sí, al menos para mí: os voy a contar cómo fue la presentación de "Punto de Partida" en el Ajuntament de Motmeló.
Como os comenté, tuvimos que cambiar de lugar a causa del tiempo, que se presentaba algo revuelto, y acabamos por hacerlo en la Sala de Plenos del Ajuntament. No sé vosotros, pero a mí me pareció algo muy solemne y entrar allí, donde tantas cosas importantes se deben decidir, le dio un toque de oficialidad que hizo que me creyera que realmente estaba pasando. Tanto yo como los asistentes pasamos sin problemas los controles requeridos por el COVID 19 y, poco después de las 18 h., empezó el acto.

El primero en hablar fue mi tío Manuel Fernández, autor de varias novelas y, además, el primero que me dijo que no debía dudar en intentar publicar mis relatos. Fue divertido y, como sobrina, un orgullo escuchar su punto de vista sobre mi trabajo. Después cedió el turno a Asun López, autora de "Lo fácil" y compañera de editorial, que comentó su opinión sobre el libro y sobre una servidora, ya que, aunque nos conocemos desde hace relativamente poco tiempo, la verdad es que hemos hecho buenas migas. Y después llegó mi momento, el que más miedo me daba...
Veréis; es que yo, aunque no lo parezca, soy muy tímida y eso de hablar delante de gente, pues lo llevo regular tirando a mal. Justo antes de que todo empezara, tenía los nervios de punta, pero en el momento en que mi tío empezó a hablar, me relajé y me sentí cómoda. Sí, esa es la palabra: cómoda. Miraba a la gente que había venido y encontraba caras familiares, amigas y alguna desconocida. No éramos muchos, tampoco voy a mentir, pero se notaba que todo lo que se estaba contando resultaba interesante, así que cuando me tocó a mí, me resultó muchísimo más fácil de lo que pensaba.
Empecé agradeciendo a todos su presencia, porque algunos habían venido desde lejos, y leí uno de los relatos, "Fantasmas", como muestra de lo que se podían encontrar en el libro, y después abrimos una ronda de preguntas que resultó ser muy interesante. En este tiempo, he descubierto que el contacto con los lectores me gusta; cuando leo algo, me surgen preguntas como de dónde sacaron la inspiración para escribirlo, el proceso de creación que siguen o si les resultó muy difícil completarlo. Que me hagan esas mismas preguntas a mí y poder responderlas, dar a conocer una parte de este trabajo que queda oculto detrás de las palabras, me encanta, siento que me acerca un poco más a los que me leen y, también, que así pueden disfrutar un poco más mis escritos.
Con la entrega, por parte del alcalde, Pere Rodríguez, y de Fina, la encargada de la Biblioteca La Grúa, de unos ramos de flores para los tres "ponentes", dimos por terminado el acto de presentación, al menso en su versión "seria", y empezó la ronda de fotos, la risas, los abrazos, las felicitaciones y, en fin, el relax absoluto. Acabé firmando en el Libro de Autoridades del Ajuntament, ¡ojo!, y casi me muero de vergüenza al ver que, antes que yo, por allí habían pasado escritoras como Care Santos. Y ahora mi nombre también está ahí... impresionante, lo siento.
No puedo acabar este escrito, que ya se está alargando demasiado, sin dar las gracias a todos los que vinieron a escucharme y apoyarme esa tarde; todos y cada uno de vosotros hicisteis que esas horas fueran únicas e inolvidables. De todo corazón, gracias.
Os dejo unas cuantas fotos, para que os hagáis una pequeña idea de cómo fue la cosa.
Un saludo y gracias por leerme, ya sea aquí, a través de la página de Facebook, o en el libro.
Mjo


lunes, 20 de septiembre de 2021

ROMEO Y JULIETA

Hoy me saltó en Facebook una nota que escribí hace años, cuando lo del blog ni se me pasaba por la cabeza. La leí, claro, porque siempre me produce curiosidad saber qué narices pensaba no hace tanto tiempo. Casi siempre me sorprende descubrir que, casi siempre también,  sigo pensando-actuando-errando de la misma manera, con pocas o ningunas diferencias. ¿Llega un punto en la vida en el que ya no se avanza? No, seguro que no; simplemente, nos acomodamos a una manera de ver, pensar y actuar y ahí nos quedamos, donde nos sentimos relativamente seguros. Qué gracia, como si eso nos fuera a salvar del desastre... No existe ese lugar donde nada ni nadie puede afectarnos, estamos condenados a admitirlo y vivir con ello. Suena fatal, pero no es tan malo. Últimamente pienso mucho en mi pasado (¿será la edad?) y tampoco me parece tan horrible. Es que soy así: o me paso o no llego, o lloro como si no hubiera un mañana o me río a carcajada limpia. Lo de las medias tintas no parece ir conmigo. En fin, que me gustó lo que escribí en aquel momento, a raíz de leer "Amor" de Isabel Allende, y de ahí salió lo que hoy os traigo.  ¡Ahí va!

"Esta semana estuve leyendo un libro de Isabel Allende que llevaba tiempo persiguiendo. Se llama “Amor” y es una especie de recopilación de extractos de sus novelas en los que retrata el amor desde varios puntos de vista. Debo reconocer que, siendo una de mis autoras favoritas, esta vez me decepcionó. Esperaba algo nuevo, divertido como casi todo lo que escribe aunque con ese toque mágico-realista que tan especiales hacen sus novelas. Sin embargo, en cierto momento se me encendió una luz. Se plantea qué ocurriría con esas historias de amor que acaban trágicamente, sin posibilidad de continuidad, y como ejemplo pone a Romeo y Julieta. Ciertamente, no se me ocurre una pareja más adecuada para ilustrar esa llama viva que consume y arrasa, aunque, cuando se apaga, no deje más rastro que la soledad y el dolor. En casos extremos, como el suyo, la muerte absurda de dos jóvenes que apenas habían empezado a saborear la vida. Me hizo pensar en cómo querría yo que siguiera esa historia y confieso que es algo que me pasa muy a menudo cuando leo algún libro que me toca de manera especial. Isabel Allende propone un matrimonio largo y monótono, en el que Julieta convierte el balcón de sus besos clandestinos en un tendedero de pañales mientras Romeo vende sonetos de amor inventados por las calles de Verona. Qué final más triste. Mucho más, incluso, que esa muerte traidora.            

Pero no pude evitar pensar en cómo me gustaría que siguiera la historia. Para ser exactos, en cómo me gustaría cambiar el final y de qué manera la prolongaría. Por supuesto, siempre he pensado que es un desastre que Julieta no despierte antes o que el monje destinado a avisar a Romeo se entretenga en el camino y no entregue el mensaje a tiempo. Claro que eso restaría dramatismo a la historia y la convertiría, quizá, en una más de las miles y miles que pueblan las estanterías de las bibliotecas del mundo. Es justo ese final trágico lo que la hace especial, diferente. Todas hemos soñado con encontrar un Romeo que nos robe el sueño y el corazón, pero, a ser posible, que no acabe por matarnos en el proceso. Siendo una adolescente me enamoré de la versión de la obra dirigida por Zeffirelli, la mejor adaptación que he visto no sólo por la ambientación (no sé si es un decorado o una localización real) o por el vestuario, sino por lo acertado de la elección de los dos personajes principales. En esta película los protagonistas, Olivia Hussey (quince años) y Leonard Whiting (dieciocho), se acercan a la edad que se supone que tenían cuando salieron de la imaginación de Shakespeare: trece Julieta y quince o dieciséis Romeo. He visto alguna versión donde el papel del ardoroso amante lo interpreta el Ashley de “Lo que el viento se llevó” y no pondré en duda su calidad artística, pero no, no y no!               

A lo que iba. Que me dio por pensar en una continuación de la historia y se me ocurren, por lo pronto, tres finales diferentes aunque todos parten del mismo punto: ninguno de los dos muere. Me parece más fácil seguir desde ahí aunque, bien mirado, tampoco estaría mal inventar una continuación fantasmal. Sí, en realidad ya la estoy viendo! Pero no, había pensado en otras posibilidades. En la primera de ellas, para mí la más evidente, la pareja se presenta ante sus familias, explican que se han casado en secreto y les dicen que ya pueden ponerse como quieran, que les importa un pimiento su opinión. Y se marchan del palazzo, dejando a sus progenitores con dos palmos de narices. Que acepten o no el matrimonio ya no me paro a pensarlo. Supongo que los padres se enfadan muchísimo (hay que ver cómo se pone papá Capuleto cuando su niña le dice que ni de broma se casa con el estirado Conde Paris!) pero las madres se las ingenian para convencerles que tampoco es tan terrible, que ya tienen unos cuantos años y eso de andar peleando como niños por el balón no está bien… Y como ya sabemos que los hombres medievales tenían la cabeza un poquito dura, recurren al argumento de los nietos que vendrán a perpetuar sus casas. Definitivamente, se rinden a la sabiduría de sus esposas y todos juntos viven larga y felizmente. ¿Aburrido? Bueno… pues sí, un poquito sí. Vale que el final original es demasiado trágico, pero mi alternativa es tan sumamente dulce que empalaga.               

Una segunda posibilidad es que ambos escapen de las garras de la muerte y huyan de Verona para vivir su vida como mejor les parezca. Julieta ya está muerta y enterrada para todo el mundo y Romeo, exiliado por haber matado a Teobaldo, tiene prohibido volver a pisar las calles de su ciudad. Nada les retiene y nadie les espera. Así que cogen el primer barco que se encuentran en el puerto de… digamos Venezia y se marchan tan lejos como pueden. Es de suponer que también vivirán una vida larga y feliz, aunque no tan perfecta y maravillosa como en el primer caso, porque deberán aprender a salir adelante sin la riqueza de sus respectivas familias.        

Pero la que más me llama, la que más real me parece, es que ese amor que tan impetuosamente empieza y se desarrolla en apenas unas horas, se desvanece en cuanto pone los pies en el suelo y se da de morros contra la realidad del día a día. La pasión dura lo que dura y si después no hay nada más… ¿qué puede quedar sino recuerdos? Incluso eso puede acabar por estropearse y entonces se habrá perdido todo. Así que me imagino que ambos se lo pasarán muy bien durante una temporada más o menos larga. De hecho, se me acaba de ocurrir que Julieta accede a casarse con el pijo insoportable de Paris y los Montesco se las apañan para que el príncipe le levante el castigo a Romeo y le permita regresar a Verona. Retoman su amor secreto incluso después que Romeo se vea obligado a casarse con una rica heredera de Roma, por ejemplo. Tarde o temprano, sin embargo, las responsabilidades de ambos con sus respectivas familias les hará ir separándose hasta convertirse en conocidos con un pasado común al que recurren cuando el aburrimiento de sus días y la tristeza de las noches se hacen demasiado pesadas para soportarlas. Cierran los ojos y retroceden a su primer encuentro, a los besos y las caricias apasionados y aunque sea sólo por un ratito, vuelven a ser felices. Y así hasta el final, cuando ambos mueran de verdad, aunque sus nombres jamás lo hagan.               

Bien pensado, es mejor dejar las cosas como están. Creo que el bueno de Willy Shakespeare ya eligió la mejor de las versiones posibles. Y viendo cómo están las cosas estas de las versiones con zombies, cualquier día alguien se saca una de la manga protagonizada con los amantes de Verona y me estropean la historia para siempre. Por favor, que no me hagan un “Crepúsculo” a lo zombie que me da un patatús, eh?

Y hasta ahí llega la historia de hoy. Pero no me quiero despedir sin haceros una pregunta... Si pudierais elegir, ¿cómo os gustaría que acabara la historia de Romeo y Julieta? O vuestra libro favorito, no vamos a ser egocéntricos. Me gustaría que me lo contarais, porque nunca se sabe de dónde puede salir una buena historia. 

Mjo

20-09-2013 // 20-09-2021

lunes, 6 de septiembre de 2021

UN POQUITO DE TODO

Antes de lanzarme a explicar nada, perdón por estar desaparecida estos días. Andaba distraída con el regreso al trabajo, recuperar la rutina, cumplir medio siglo (que se dice pronto) y algunas cosillas más que no vienen al caso y, oye, ¡que nos plantamos en la semana del Your Stories Market! Y yo ahí, como si nada... Bueno, pues sirva este mensaje de:

- Saludo al personal: Espero que las vacaciones os hayan ido bien, que hayáis vuelto todos enteros y satisfechos y con ganas de comerse lo que queda de año.

- Recordatorio del Market: Será el próximo sábado, 11 de septiembre, en las Cotxeres de Sants (CENTRE CÍVIC COTXERES DE SANTS, C/de Sants, 79,08014 Barcelona). Si me aclaro con esto de la tecnología, luego os pongo la ubicación y esas cosas.  El evento, que es gratuito, empezará a las 9 de la mañana y echará el cierre a las 20 h. Durante todo el día habrá charlas de autores, conferencias y recitales de  poesía en dos salas habilitadas para la ocasión. En total tendréis 140 autores distribuidos en 70 mesas y a una servidora podréis encontrarla en la 4, muy cerquita de una de las dos entradas al recinto. CÓMO LLEGAR: en bus, D20, H12, V7, 44, 50, 78, 109, Y 115; en metro, Plaza de Sants ( L1 y L5 ) y en tren, Sants Estació. Cualquier duda que tengáis, aquí estoy para resolverla o, al menos, intentarlo. ¡Espero ver a muchos de vosotros por allí!