martes, 27 de diciembre de 2016

FLOR DE NIT (toma dos)

Dagoll Dagom estrenó en 1993 una de sus obras musicales más celebradas, "Flor de Nit", ambientada en la Barcelona pre-guerra civil. Al ritmo de unas canciones preciosas, con letras ingenionas y poéticas, seguimos los avatares de un grupo de artistas del espectáculo que luchan por sobrevivir como buenamente pueden en una ciudad cambiante, dividida en burgueses y trabajadores, donde las bombas anarquistas ponían acento a la inauguración de la Exposición Universal del 1929. El triángulo amoroso entre Rosa, Quimet y Reynals se presume trágico desde la primera nota pero no se puede preveer el final hasta que se desarrolla ante nuestros ojos. Como no se me da muy bien describir sin meter la pata y contar más de lo que debo, os copio el texto con el que la compañía presentaba la obra, escrito por el propio Vázquez Montalbán, autor del libreto original:

"Año 1991. Los Juegos Olímpicos se acercan y debe destruirse para construir. Debe derrumbarse el antiguo local de FLOR DE NIT y, en las horas previas a la demolición, SEBASTIAN REYNALS, el viejo cronista de la ciudad, rememora aquello que fue FLOR DE NIT en aquellos años de esperanza que fueron de 1929 a 1936, a través de un flash-back casi ininterrumpido. Ante el espectador aparece el doble juego de la vida cuotidiana en diferentes niveles sociales de una Barcelona en transición y el contrapunto de las actuaciones de los artistas en el cabaret FLOR DE NIT.

El cabaret es quien lleva el nombre, pero toda la ciudad y todas sus clases sociales juegan a la doble conducta, excitados por los tiempos de revolución cultural y política que se acercan.

 
Sobre este fondo, el triángulo formado por QUIMET, el anarquista idealista sin suerte; ROSA, la chica obrera que quiere conseguir su propia identidad, y SEBASTIA REYNALS, el intelectual que juega a relacionarse de noche con las flores prohibidas o del mal, sirve de urdidumbre sentimental básica para todas las otras relaciones sociales y psicológicas.

FLOR DE NIT no es un espectáculo nostálgico basado en escenas convencionales de cabaret y en canciones del pasado. FLOR DE NIT es una propuesta dramática que utiliza elementos significativos de aquello que fue la ciudad y su alegría nocturna, pero recreando absolutamente la música y la letra de esta transferencia.

 
La música recoge, en cualidad de homenaje, lo que fue el eclecticismo de un tiempo situado entre la avantguarda y el populismo. Pero tanto la música como la letra pasan por el filtro del gusto receptor contemporaneo.


Es decir, FLOR DE NIT no es un musical arqueológico. FLOR DE NIT es un musical que convierte la rememoración del pasado en metáfora del presente: tanto en la forma como en el fondo. Una constante, yo creo, en mi obra." (Manuel Vázquez Montalbán)


Para mí, que tuve la suerte de verla en el año de su estreno, fue toda una revelación. Sentada en la tercera o cuarta fila, tan cerca que cualquier actor habría podido caer sobre mis rodillas por un mal tropezón, contemplaba el desarrollo de la historia sin perderme una sílaba de las canciones. Al acabar, entre los aplausos de los espectadores, sólo podía pensar "ésto es lo que quiero hacer, ¡ésto es lo único que quiero hacer en la vida!" Me sentía... viva, vibraba, estaba deslumbrada por lo que había visto y me propuse buscar la manera de estudiar arte dramático y conseguir, de alguna manera, acabar subida a las tablas de un teatro, viviendo una y mil vidas. Por desgracia, no todos los sueños se pueden conseguir y en casa hacía más falta un sueldo que una (posiblemente) futura actriz fracasada. Puse los pies en el suelo y abandoné cualquier intento, aunque a veces pienso que he estado actuando todos los días de mi vida sin que nadie lo sepa. Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión (Gracias, Mr. Ende!)


El día 25 de diciembre, hace nada, volví a ver la obra de la que tan buenos recuerdos tenía. Esta vez, el formato fue ligeramente diferente, la compañía es más pequeña y tenía más aspecto de cabaret, con ese toque de decadencia que tan bien casa con la época que retrata. Cuando se apagaron las luces y apareció el primer actor, entonando "El Paral.lel", se me disparó el corazón y las palabras vinieron a mi boca como por arte de magia. Ya no hubo nada más ni importó nadie más. Fuera del Almería Teatre se quedaron los peores recuerdos de este año infernal. Dentro, mi fantasía, mi sueño y yo. Volví a sonreír con los mismos chistes, me emocioné con las mismas estrofras ("entre el hombre y la mujer, lo más profundo es la piel", "Pronto podré cruzar las fronteras y volveré para limpiarte el llanto, llevaré todas mis banderas, de todas ellas la tuya sobre el corazón", "el amor no es ciego, el amor es tuerto, con un ojo dice que sí, con el otro que no") y casi, casi se me vuelve a escapar una lagrimita en el momento final. Y sí, volví a desear ser parte un elenco que fue capaz de llevarme al pasado sin moverme de la butaca. Se me olvidó el dolor de cabeza, la fiebre que ya amenazaba, el sueño, el cansancio... y sólo fui una espectadora arrebatada por una historia por la que no pasa el tiempo. Fue una experiencia memorable, de nuevo.

Para mí, "Flor de Nit" no es sólo una obra musical. Es una inmensa carta de amor que Vázquez Montalbán escribió a una ciudad, Barcelona, y una época, aquella que bordeaba el inicio de la Guerra Civil, en la que las pasiones desbordaban las calles. Los señoritos bien se casaban con señoritas decentes, cargadas de dinero y buenos apellidos, pero disfrutaban de las bondades que el Paral.lel les ofrecía. Los anarquistas ("¡Ni Dios, ni patria ni rey!") luchaban a su manera por un mundo más justo, a veces sólo con palabras, a veces con dinamita, perdiendo cada pequeña batalla pero confiando en ganar la guerra. Y ellas, las flores de la noche que regalaban encanto y sueños de satén, capaces de jurar amor eterno a cambio de un "pisito divino en Valencia con Muntaner" o un par de pendientes... Unos y otros andaban con un pie en las sombras y el otro a plena luz de sol. Unos y otros hicieron de Barcelona lo que es, una ciudad llena de contrastes, capaz de lo mejor y lo peor, pero que nunca decepciona. E incluso cuando lo hace, sabe hacerse perdonar. Esta ciudad es una mujer, caprichosa y nocturna, hermosa y fría, cruel y acogedora, peligrosa y brillante. Única y verdadera.

En fin, que si os sobra tiempo y no sabéis cómo perderlo, acercaros al Almería Teatre y disfrutar del espectáculo. No esperéis un gran despliegue de medios ni alfombras rojas en la entrada, es una sala pequeña y con ese aire clásico que tanto me gusta, pero os garantizo que vale la pena acercarse hasta allí. Y si vais, hacerme un favor: cerrar los ojos cuando Rosa os cante "Flor de Nit" o "Ciutat de Ivori". Cerrar los ojos pero tener los oídos muy abiertos para no perdernos ni una sola frase. Y luego ya me contaréis qué os ha parecido... Os aseguro que no os vais a arrepentir.

Mjo

WEB DEL ALMERIA TEATRE: http://www.almeriateatre.com/temporada06/flordenit.htm
WEB DE DAGOLL DAGOM:http://www.dagolldagom.com/es/flor-de-nit-1992








jueves, 1 de diciembre de 2016

PODRIA SER UN PRINCIPIO


Me despertó el latido de una migraña, leve pero molesta. Ni siquiera abrí los ojos, si conseguía volver a dormirme acabaría por pasarse. Di media vuelta, o al menos lo intenté, y di con mis huesos en el suelo. Ah, que no estaba en la cama sino en el sofá… Ni me acordaba. Lógicamente, el golpe multiplicó por mil el dolor de cabeza. O me tomaba algo en un máximo de cinco minutos o pasaría lo que quedara del fin de semana atiborrada de pastillas, con hielo en la frente y lamentándome de mi suerte. Vamos, lo mismo que el anterior.

Me senté despacio, muy despacio, y apoyé la espalda en el borde del sofá mientras me sujetaba la cabeza con las manos. No conocía nadie a quién se le hubiera desprendido de un modo natural pero, vista mi suerte, igual me convertía en la primera de la historia. Respiré hondo y abrí un ojo. Según fuera el paisaje, haría lo mismo con el otro. Algunas vistas es mejor evitarlas si se puede. Se me escapó un gemido de desesperación. Frente a mí, ocultando por completo la divina mesita de centro de diseño exclusivo, aparecía una oda al desastre apocalíptico. Resultado de mi último bajón: papeles de chocolatinas, el cenicero lleno de cáscaras de pipas, varias latas de cerveza sin alcohol (deprimida sí, borracha no, ¿eh?), una botella de vino y otra de cava volcadas y vacías (ah, pues sí, borracha también) y un plato con algo que parecía helado de fresa. Con tropezones, creo, porque supongo que lo que flotaba por encima no sería moho. No crece tan deprisa, ¿verdad? ¿O sí? Ay, mira, yo qué sé. Yo lo único que quería era morirme, a ser posible de una forma rápida e indolora.

martes, 29 de noviembre de 2016

ULTIMO ACTO

En blanco. Vacía. Seca. Así me siento delante del papel en blanco. Acabé de escribir la crónica del viaje a Florencia y tengo ganas de empezar algo nuevo pero no acuden las ideas. Y las que se me ocurren giran alrededor del mismo tema, del que ya no tengo ganas de hablar o escribir. No puedo controlar mis recuerdos, que me salen al paso cuando menos me lo espero, pero me niego a dejar que tomen el mando de lo que quiera contar. Primero porque me canso hasta yo y segundo porque en algún momento hay que decir "basta". Creo que  estoy andando la parte final del camino, sólo me queda un paso más que dar. Podría ahorrármelo pero seguiría teniendo la sensación de no haber cerrado, de seguir en terreno de nadie, y necesito un final. A esta obra le queda un último acto; sólo entonces podré sentarme a escribir el epitafio y bailar sobre su tumba. El treinta y uno de diciembre, cuando suene la última campanada, tendrá que estar acabado. Año nuevo, vida nueva. Sea la que sea.


Mjo



domingo, 20 de noviembre de 2016

CRONICA DE UN VIAJE (6)

  8 - OCTUBRE - 2016, Sábado (Despedida y cierre: Firenze-Barcelona)   

Qué decepción. He venido hasta Careggi para visitar la villa Medici a pesar de que el día amaneció gris y al llegar aquí empezó a llover. Me he pegado la pateada de mi vida alrededor del pueblo porque nadie ha sabido indicarme bien cómo llegar y justo cuando estaba a punto de abandonar, voy y encuentro la entrada a la Villa. Y ahora viene la parte de la decepción enorme.

Villa Medici, en Careggi. 
No he podido llegar porque el acceso está en obras de renovación o arreglo o "vamos a tocar las narices al pobre turista que venga hasta aquí" y, por lo tanto, cerrado. Cabezona como soy, me he metido por un camino lateral que se perdía entre la arboleda que rodea la propiedad y he conseguido llegar hasta una entrada, por supuesto cerrada, desde la que he podido ver una parte (minúscula) del jardín y una parte (minúscula también) de la villa. He hecho un par de fotos, le he prometido a Lorenzo que volveré la próxima vez que venga a Firenze y, cogiendo mi decepción y mis ganas de llorar a moco tendido, me he subido a otro autobús que me lleva de vuelta a la ciudad.

Para colmo de desdichas, llueve de verdad. Nada de cuatro gotas, no. Llueve en serio. Vaya manera de despedirme de la ciudad.
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Lateral del Duomo
Qué lástima de día. Así no hay quien se despida de la ciudad como debe ser. Llueve a ratos, hace frío, tengo los pies empapados y me duele la cabeza. Encima es sábado y han llegado unos diez millones de turistas nuevos que andan, paraguas en mano, mirando a todas partes menos al frente. O andas con cuidado o acaban por sacarte un ojo. He ido hasta el Ponte Vecchio, a la Piazza della Signoria y he acabado en la Piazza del Duomo para comer antes de la una del mediodía. Estoy cansada de andar y tengo hambre, así que... Es lo bueno de viajar sola: no tienes que depender de nadie para nada. Cuando salga, compraré la pasta y me iré directa al hotel. Hasta las siete o así no saldré para el aeropuerto pero¿ qué narices se puede hacer con el tiempo así de mal? Pues reírse de los demas, internamente.

En la mesa de al lado se ha sentado una pareja italiana de mediana edad. Ella no lo sé pero él tiene una pinta de repelente... Pinta que se ha confirmado cuando le han traído la copa de vino y ha empezado a olerla y probarla con cara de éxtasis. Tontos que van de entendidos los hay en todas partes, está claro.  Y de vino quizá entienda pero cuando me han traído mis regatoni all'amatricciana se le han salido los ojos de las órbitas y ha preguntado a la camarera qué eran. Espero que los haya pedido porque ¡están buenísimos!
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Bueno, pues este viaje ha llegado a su fin antes de lo previsto. Esta claro que no puedo venir a Firenze y escapar de la lluvia. He vuelto al hotel con los pies empapados por completo y triste hasta decir basta. Qué manera más triste de despedirme,
Battistero di San Giovanni
con un tiempo tan malo... Aún así, hay algo positivo y es que no me tocaba hacer ninguna cola para entrar en algún museo. Las colas para el Campanille o l'Accademia eran terribles y más al aire libre. Cómo se nota que es fin de semana, hay zonas por las que casi no se puede andar sin tropezar con un turista despistado que, guía en mano, va buscando tal o cual lugar de interés. No sé si compadecerles por el primer mal día en la ciudad o felicitarles porque acaban de llegar y aún les queda mucho por ver. En cualquier caso, que la disfruten mucho. Si se abren a ella, Firenze les regalará una experiencia inolvidable, con o sin lluvia.

Piazza della Signoria, Palazzo Vecchio
Campanile en un charco
En cuanto a mi... Creo que este viaje ha cumplido con las expectativas que tenía. Me he reecontrado con una ciudad de la que tenía buenos recuerdos y, por qué no reconocerlo, una visión romántica que no se ajustaba del todo a la realidad. Siempre he dicho que no me gustan esos viajes que te llevan de un sitio para otro sin tiempo más que para ver lo imprescindible. Los he hecho pero no me gustan. Hay ciudades que no se pueden ver, conocer, en uno o dos días por pequeñas que sean. Hay que conocerlas poco a poco, quitarles una capa detrás de otra con cariño. Hay que perderse en sus calles, tropezar con sus gentes, ver las zonas menos bonitas y encontrar pequeños tesoros. A veces, una planta naciendo de un zapato viejo, a modo de maceta, es el detalle que te arranca la primera o la última sonrisa del día. Tienes que dejarte los pies caminando, los ojos leyendo las placas conmemorativas, las manos rozando sus paredes, los oídos intentando entender su idioma y la nariz siguiendo los rastros de su cocina. Tienes que mimetizarte con ella, dejar que te asalte en una esquina y te robe el aliento. Tienes que acostarte agotada por pasear y levantarte deseando salir de nuevo a tomarla por sorpresa. Hay ciudades que no se pueden ver, se tienen que conocer porque sólo así consigues verlas tal y como son, únicas y auténticas, y amarlas sin remedio.
Torre de la Signoria, reflejo

Siempre he tenido una inclinación por Italia, no sé por qué. Me gusta la historia y el arte, eso es cierto, pero hay algo en este país que me atrae de una manera muy especial. Y no sé por qué, tampoco, Firenze se ha convertido en mi ciudad favorita. Roma me encantó, con tanto monumento arqueológico y tanta historia sangrienta ¿cómo no caer rendida a los pies de sus siete colinas? De Venezia te tienes que enamorar sí o sí; quien diga lo contrario tiene menos sensibilidad que un pimiento. Es una delicia caminar esquivando canales y encontar rincones que no salen en las guías. Recuerdo una plaza cuadrada a la que llegamos no sé cómo, en la que había un pozo antiguo en el centro y de los balcones colgaba ropa puesta a secar; me pareció preciosa, como si el tiempo se hubiera detenido en aquel rincón y, en cualquier momento, Casanova fuera a aparecer despidiéndose de la enamorada de turno. Verona, Padova, Milán... Las vi tan rápido que no me dejaron muy buen recuerdo, aunque soy consciente de que, al menos la dos primeras, merecen una segunda vista de confirmación. O de reconciliación, mejor dicho.

Ponte Vecchio, bajo la luz gris de un día de otoño. Sigue siendo precioso
Firenze la he visto... No, empiezo mal. En Firenze he estado tres veces. La primera, con el cole, llovió a mares y recuerdo poca cosa más, excepto que nos perdimos y tuvimos que preguntar por el restaurante, que estaba en la via Reparata, como un millón de veces. En esa ocasión no hubo visita a museos ni ninguna otra cosa que se le pareciera porque tendría algún recuerdo, por pequeño que fuera y no, no hay nada más. Tenía 18 años y estaba, sospecho, más interesada en los italianos (por los que también tengo una debilidad más que acusada, ese acentillo que tienen... ais) que en la ciudad.
Campanile y Cùpula del Duomo

La segunda vez vine tres días con mi hermana y qué diferente fue. También llovía pero era febrero y tampoco es que eso se salga de lo normal. Reservamos entradas para la Galeria degli Ufizzi y l'Accademia por internet y pasamos dos tardes memorables contemplando las mismas obras de arte que habíamos estudiado en el colegio y por las mañanas paseamos por el Duomo, la Santa Croce y subimos a lo más alto del Campanile para ver la ciudad entera a nuestros pies. Tengo un recuerdo imborrable de esos tres días y me juego el cuello que a mi hermana le pasa lo mismo.

Pero esta vez ha sido un enamoramiento total y absoluto. Quizá influya el momento en el que he venido pero realmente ha sido especial. A pesar de haber pasado seis días recorriendo sus calles y visitando sus museos, me quedo con la sensación de tener todavía demasiadas cosas que ver. Más museos, más plazas, más iglesias, más puentes sobre el Arno, más ciudades cercanas. Y sí, ¡más Medici jajajaja! Me queda pendiente también regañar un poquito a Beatrice, a ver si me echa una manita en las cosas del corazón porque la vez anterior me ignoró soberanamente y está claro que necesito ayuda en este campo.

No ha sido un año fácil para mí. Empecé con muchas ilusiones y se me rompieron tan pronto que aún no estoy segura de haberlo asimilado; he estado (y en cierta manera sigo estando) perdida desde ese momento. Necesitaba con urgencia pasar tiempo conmigo, lejos de mi ambiente habitual, y escucharme. No sé por qué pero se me ocurrió que así conseguiría encontrar las respuestas a las preguntas que no dejo de hacerme y dejar atrás parte de mi carga. Creo que ha funcionado, en parte al menos. Naturalmente, las cosas todavía me estarán esperando cuando vuelva a casa pero empiezo a ver algo de claridad. No va a ser fácil ni pasará de la noche a la mañana pero, tarde o temprano, acabará. Seguro.
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Puesta de sol entre dos rachas de lluvia.
Hice una pausa porque salió el sol y me escapé para una última visita. A mi me va a cosar una enfermedad dejar esta ciudad. En cuanto he llegado a la Piazza della Signoria se me han saltado las lágrimas (otra vez), es como si me despidiera de alguien muy querido. ¿Recuerdas cómo me siento cuando me voy de Adrall? Bueno, pues es algo muy parecido, una sensación de pérdida enorme. ¡Y es absurdo! Tampoco me llevo tantos recuerdos de aquí. A ver, qué sí pero sólo he estado seis días. Intensos, sí, pero seis. Y parece que he estado toda la vida aquí. ¡Se me va la cabeza, jajajaja! En cualquier caso, volveré. No sé cuándo, cómo o con quién pero que volveré lo sé ya.

Recojo el chiringuito, el taxi llegará en veinte minutos como mucho. Se acaba un sueño, a partir del lunes me toca enfrentarme otra vez con la realidad.

No le digo adios a Florencia, sino "ciao, ci si vede presto". 

Mjo



Algunas paredes hablan y van directas al corazón. Ésta estaba en Careggi.