miércoles, 8 de diciembre de 2021

POR SI LAS VOCES VUELVEN

Hace un tiempo que sigo a Ángel Martín por Twitter. Con frecuencia, su “Informativo matinal para ahorrar tiempo” me acompaña en el tren, camino del trabajo, y suele arrancarme las primeras sonrisas del día. Cuando avisó que iba a publicar un libro sobre la temporada en que se volvió loco (no lo digo yo, así es como lo cuenta él), me pareció que podría resultar interesante. Lo compré el viernes pasado y, después de un fin de semana en el que no he podido tocarlo, hoy lo terminé. Y debo decir que no me ha decepcionado.

Ángel es Ángel en todo su esplendor. Si seguís su informativo, os resultará fácil leer escuchando su voz y eso convierte la experiencia en algo diferente. Nos cuenta cómo fue avanzando en su problema, cómo tomaban por excentricidad algunas de las señales que enviaba por redes sociales y la manera en que su novia decidió que no era ni medio normal su comportamiento. No esperéis un relato conmovedor, no intenta en ningún momento dar pena o conmover al lector; simplemente expone cómo sucedió, lo normal que le parecía todo y las cosas que sintió mientras duró su brote psicótico, y lo hace con una sinceridad que, a veces, es descarnada. Si tiene que decir que se ponía tibio de alcohol y drogas, lo dice y punto, pelota. Y sus dudas cuando salió del hospital y tuvo que enfrentarse de nuevo al mundo, reconstruirse desde cero porque no sabía quién era o qué era real. Es el relato de un superviviente, un luchador, y ha decidido compartirlo por si le sirve de ayuda a alguien.
Cualquiera que haya pasado por algo parecido, aunque no sea tan extremo, reconocerá más de un síntoma o, al menos, eso me ha pasado a mí. Me he sorprendido pensando en más de una ocasión “eso me suena” y haciéndome las mismas preguntas que plantea él y no encontrando respuestas. No me avergüenza decir que se me han saltado las lágrimas en algún momento; será que estoy pasando una época un poco tontuna y ciertas cosas me afectan más de lo que quiero admitir, pero me ha tocado la fibra más de una vez. No sé, es un libro distinto, tiene poco que ver con lo que suelo leer y , aunque lo cogí con un poco de miedo, no me ha defraudado en absoluto. Es de agradecer que haya sido capaz de sincerarse, a modo de terapia o porque quiera ayudar a quien pueda pasar por una situación semejante, y que lo haga sin caer en el victimismo. Yo lo recomiendo, de verdad; quizá no os sirva de nada, pero creo que, en estos tiempos tan convulsos, todos necesitamos algunas guías para no volvernos locos del todo. O sí, quién sabe.

FRASES:
“De verdad que a veces el ser humano tiene unos miedos que dan ganas de quitarle el cerebro y ponérselo a un bicho bola para que pueda hacer un uso mucho más inteligente”
“¿Y por qué querría alguien enseñar a su cerebro a ser capaz de reinterpretar algunas cosas? Porque a lo largo de nuestra vida nos han enseñado a interpretar algunas cosas basándonos en los miedos y las vergüenzas de los otros hasta llegar al punto en el que realmente no sabemos quién carajo somos de verdad”
“Creo que hemos olvidado lo frágiles que somos”
Y, sobre todo, lo que os pongo por fotografía porque es largo, de lo que destaco “Tenemos tendencia a callarnos las cosas por miedo a hacer daño”. Doy fe de ello. Y añadiría que también nos las callamos por miedo a que nos lo hagan.
Un besico a todos y, por si se me olvida, feliz Navidad!

Mjo

domingo, 28 de noviembre de 2021

MIRADAS

¿Cómo nos vemos?

A través de los ojos de los demás.
 
Siempre. Constantemente.
  
Y si no nos miran, si no nos ven, ¿existimos?

Nos buscamos en otros ojos, indagamos en la imagen de nosotros que nos devuelven y tratamos de cumplir con ella, seamos o no así, queramos o no.

Es increíble lo fácil que resulta cambiar la forma en que nos percibimos a partir de una opinión externa. El trabajo que haces para reconocerte y actuar en consecuencia es mucho y, en ocasiones, sólo es necesaria una frase para, al menos, hacerte dudar de todo lo que creías cierto.

Al final del día, te miras al espejo y no tienes ni idea de quién es el desconocido que te devuelve la mirada. Te buscas y no te encuentras porque, en realidad, no sabes quién eres. O qué eres. Y te sientes nadie, nada.

Somos la suma de las presencias y las ausencias de nuestras vidas, de la gente que se pasea o no por ella, de las palabras que nos dicen y también de las que se callan, de miradas que mienten, de caricias que se clavan, de recuerdos a los que recurrimos para no morir en el naufragio, de promesas que parecen verdaderas y nunca se hacen realidad, de sueños que aparecen a traición y te dejan el corazón molido.

Somos, en fin, un conjunto de moléculas con forma humana que vive y, a veces, sobrevive.

Que no es poco.


Mjo
28-11-2021

jueves, 11 de noviembre de 2021

MIENTRAS SUENE LA MÚSICA...

Hay algo absolutamente perverso en los recuerdos, sobre todo en esos que creías olvidados y un día cualquiera, sin previo aviso, te saltan al cuello y amenazan con ahogarte. 

Esta noche había quedado con un amigo, pero ha tenido un percance y hemos tenido que dejarlo para otra ocasión. Como la noticia me ha llegado a un paso de su casa, he dado media vuelta y he cogido un autobús hasta la estación del tren. Cuando he subido, me he sentado, he sacado el ebook y he empezado a leer. De repente, he mirado por la ventanilla y lo que veía al otro lado me resultaba familiar. "Yo esto lo conozco", he pensado, cosa rara porque no suelo ir por esa zona desde hace años. Pero sí, esa plaza me sonaba, y aquella fachada impresionante y la avenida y la curva exagerada y... Y entonces, se hizo la luz y cai en la cuenta de dónde estaba y por qué lo conocía todo tan bien. 

SÁBADO, SABADETE

 

- Cariño, hoy querré helado después de cenar. – dijo Anselmo, parapetado detrás de su periódico-. No te olvides de comprarlo – Hizo una pausa y asomó su redondo rostro por encima de las páginas impresas. Sonreía, visiblemente satisfecho consigo mismo-. De fresa y nata, por favor, es mi favorito.

- ¿Hoy? - preguntó Matilde, que estaba recogiendo la mesa después del desayuno.

- ¿Es sábado? - Su esposa asintió y clavó los ojos en el bordado del mantel, para no ver el ceño fruncido de su marido-. Entonces sí, hoy. No hagas preguntas estúpidas, querida, ya sabes cuánto lo detesto.

- Sí, lo siento. Es que ha sido una semana muy ajetreada y... - Anselmo resopló con impaciencia y volvió a concentrarse en la sección de deportes. Su equipo estaba a punto de descender de categoría, lo cual le importaba mucho más que las tonterías de su mujer-. De fresa y nata, claro. No lo olvidaré.