miércoles, 2 de noviembre de 2022
JARDÍN DE SOMBRAS (segunda parte)
martes, 1 de noviembre de 2022
JARDIN DE SOMBRAS (primera parte)
Aquella semana llovió casi cada día, y ella vivió con un ojo en el cielo y otro en la aplicación del tiempo de su móvil. Cada vez que veía el simbolito de la nube y las gotas, se le caía el alma a los pies. “¿Por qué, Señor, por qué? ¡Para una vez que tengo un plan interesante!”, se dijo una y otra vez. Por suerte, el viernes cambió la previsión y se anunciaron temperaturas por encima de lo normal para la época y sol a partir del sábado. Su ánimo mejoró mucho, pero se negó a confiarse del todo, por si el cambio climático y su legendaria mala suerte decidían aliarse en contra y aguarle la fiesta.
El domingo por la mañana, cuando cogió un taxi en el centro de la ciudad, intentó no pensar en dos cosas: el pastizal que le iba a costar el viaje y las nubes que manchaban el cielo con un sucio tono gris. Le dio la dirección al conductor, en cuyos ojos creyó ver brillar el símbolo del euro, y sacó el móvil para llamar a su amigo. Dejó que el teléfono sonara una y otra vez y cuando estaba a punto de colgar, escuchó su voz adormilada.
domingo, 4 de septiembre de 2022
DESDIBUJADA
Hace meses que estoy como perdida, desordenada, desdibujada, harta de muchas cosas y deseando otras que no puedo tener. Me pinto una sonrisa cada día, salgo, me muevo, hablo, me rio, propongo cosas, acepto retos, leo, escucho música, hasta bailo, sueño, sigo echando de menos a algunas personas (a otras no, para nada) y, aunque no lo publique, escribo. Pero no soy yo, no del todo.
Me pregunto en qué momento del camino cogí el desvío equivocado y no consigo recordarlo. Y sigo buscando la salida que me devuelva al punto exacto en el que me extravié, porque en algún momento tengo que volver ¿y por qué no este, que es tan bueno como cualquier otro? Ya no tengo ganas de seguir lamentándome, rescatando recuerdos de un ayer, o hace un año o dos o tres, en los que la vida me corría por las venas a toda velocidad. Quiero, necesito crear algunos nuevos, volver a empezar (por enésima vez) porque rendirse nunca fue una opción y no sé por qué narices, durante todos estos meses, me parecíó que era la única que tenía.
Por suerte, la fuerza que a mí me falta la saco de todos los que eligieron quedarse, aunque sea a distancia, aunque sea solo por un rato y de vez en cuando; ellos saben quienes y por qué lo son. A vosotros, gracias por estar aquí. A los otros, a los que un día decidieron que aquí no era, buen viaje y gracias también, que de todos he aprendido algo y eso también hay que reconocerlo.
En fin, que 51, babe, y pienso seguir dando la lata, para bien o para mal. Es septiembre, mi mes. ¿Empezamos?
Mjo
04-09-2022
viernes, 25 de febrero de 2022
SONRÍA, POR FAVOR
A sus 75 años, doña Bárbara siente que le pesa el anonimato. No lo reconocería ni en un millón de años, pero así es. La verdad es que a ratos le pesa y, a ratos, le duele. No es una frase hecha o un puñado de palabras que, juntas, suenan bien. No, el suyo es un dolor real, físico. Empieza cuando abre las revistas del corazón y no se ve en ellas. Lo siente en la punta de los dedos, según va pasando las páginas y no se encuentra. Se extiende, como una ola fría, por las manos, los brazos, le sube por la garganta, le hace un nudo en el estómago, paraliza sus piernas y le estruja el corazón. Acaba siempre llorando, lágrimas de tristeza y rabia, y lanzando las revistas contra la pared. Baja las persianas y saca los viejos albumes de recortes y fotos, en un intento siniestro de recuperar un pasado que fue glorioso.
“Ah, qué tiempos”, se dice, “cuando era joven y hermosa y el mundo entero comía de mis manos”. Veranos en Marbella, St. Tropez y Capri. Primavera en París. Fin de año en Nueva York. Primera fila en la Semana de la Moda de Milán. Audiencias privadas en el Vaticano y algunos palacios reales. Palco en Las Ventas, La Maestranza y el Liceu. Carnaval en Venecia y Río. Caseta en la Feria de Abril y balcón en la Semana Santa sevillana. ¿Cuántos años tenía cuando salió en su primera portada? ¿Quince, dieciséis? Fue el escándalo de la temporada. “La Heredera Rebelde”, la llamaron, y el país entero cayó rendido a sus pies. ¿De dónde había salido aquella jovencita que se reía con la cabeza echada hacia atrás? Qué poco se parecía a las otras adolescentes de su círculo, con su larga y rizada melena rubia, los ojos tan azules, los pómulos tan altos, la nariz insolente, los labios frescos, las faldas demasiado cortas, los escotes excesivamente bajos y la voz siempre, siempre, alta y clara.
El
ángel que fue en la infancia había ardido sin que nadie se diera cuenta, y de
sus cenizas surgió un Ave Fénix que arrasó con todo. Fue Atila vestida por los
mejores diseñadores; allí donde pisaba, no volvía a crecer la hierba. Destrozó
matrimonios, arruinó a un magnate y disolvió el grupo musical más famoso del
momento. El día que cumplió 20 años, sopló las velas mientras Mick Jagger le
cantaba al oído “Happy Birthay, dear Bárbara” con acento inglés y etílico.
Después se perdieron en la lavandería del hotel y, entre sábanas y toallas
sucias, le regaló el peor cunnilingus de su vida. “Quién iba a imaginarlo”,
decía siempre entre risas, “con aquella boca que tenía... ¡Juro que creí que me
llevaría al cielo!”



